22 de Mayo de 2018

Opinión

Reservas del mar adentro

Vivir cerca del mar representa para mí un privilegio, para otros a veces conocer el mar es un sueño...

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Vivir cerca del mar representa para mí un privilegio, para otros a veces conocer el mar es un sueño, una oportunidad de ver la vida a través del vitral del océano, conocer y explorar sus profundidades, pero sobre todo entender que el universo está rodeado de agua.

A veces nos perdemos los pequeños detalles que nos rodean, y uno de ellos es tener a muy poca distancia la posibilidad de sumergirnos en el Caribe. A simple vista puede verse imponente, majestuoso y por momentos infinito, y lo que muchos desconocemos es que tiene propiedades curativas.

Hace unos años tuve la oportunidad de conocer a un niño que se llamaba José, que padecía de cáncer, y que me dejó una de las enseñanzas más nobles y sensibles de lo que puede representar la posibilidad de tocar el agua y ver las olas del mar; en sus palabras decía: Si tuviera la oportunidad de nacer de nuevo, me hubiera gustado ser un pez. Al preguntarle por qué quería ser un pez, me dijo: Los peces son libres en los océanos, tienen mucho espacio para crecer y pueden conocer todo el mundo. Desde entonces he guardado esas palabras para compartirlas en un artículo que hoy se vuelve parte esencial.

Considero que el valor que unos seres humanos le damos al mar es algo insignificante, algo tan común que se vuelve parte del paisaje, sin embargo para otros es la unión del universo. Históricamente, si nos ubicamos en el año 5 mil aC, en Mesopotamia muchas de las plantas y sustancias procedentes de animales y minerales, fueron de origen marino, y eran usadas para aliviar dolores y enfermedades; el Mediterráneo y el mar Rojo eran los proveedores principales.

Para los científicos el agua de mar es el nivel básico e imprescindible para el desarrollo de la vida, es un medio orgánico, adaptado perfectamente a las necesidades de la humanidad, que contiene  los 118 elementos de la tabla periódica que las células necesitan: La nutrición. Por sus propiedades, Platón afirmó que el agua del mar curaba todos los males. Para las antiguas civilizaciones el desarrollo de sus poblaciones podía existir si se vivía frente a ríos o lagunas; en ese acuario marino de alimentos crecían especies que podían curar enfermedades. Esta perspectiva no ha cambiado, sólo se ha ido perfeccionando, pues los seres humanos sabemos que estar cerca del agua genera vida, y estamos conectados con ese recurso que es indispensable para el desarrollo de la civilización.

El hombre en sí está compuesto por 70 por ciento de agua, es decir, nuestras células viven en un verdadero acuario marino. Fue René Quinton quien difundió todos los fundamentos, propiedades y leyes que explican cómo el agua de mar es un nutriente, porque contiene, además de los carbohidratos, grasas y proteínas imprescindibles para la vida, hidrógeno, nitrógeno, oxígeno, magnesio, manganeso, sodio, potasio, calcio, hierro, fósforo, flúor, sílice, cobre y yodo, alrededor de 83 elementos biodisponibles de la tabla periódica, más el zooplancton y el fitoplancton, que son proteínas puras utilizadas por especies marinas.

Como podemos darnos cuenta, el mar está lleno de virtudes que deberíamos valorar y cuidar, pues en los últimos años hemos llenado de basura los océanos que nos rodean, extraemos sus recursos de una manera desmedida, impactamos los mares con las rutas sin control de comercio, desarrollamos de manera insostenible complejos turísticos en zonas costeras, y dañamos los hábitats. ¿A dónde va a llevar a los océanos tanto abuso sin control? Sobre este tema existe una iniciativa de la Organización de las Naciones Unidas denominada “Pacto de los Océanos”. En ella se explican datos muy interesantes sobre el panorama actual de los mismos y de cómo han sido afectados con el paso del tiempo, principalmente daños irreversibles que cuestan y costarán la vida en el mundo. Por ello en este artículo, que podemos encontrar en internet, se proponen estrategias a corto y largo plazo con el único objetivo de concientizar, pues al adquirir conciencia empezamos a darle valor a las cosas para posteriormente aplicarla en lo cotidiano.

Este pacto se basa en estos puntos. Primero, “la unión de los conocimientos científicos, tradicionales y autóctonos, de manera que estén equilibradas las tres dimensiones fundamentales del desarrollo sostenible, es decir, social, económica y ambiental”. Lo cito textual pues es la forma de respetar y entenderlo. Coincido en esta frase por el hecho de que si unimos todos los esfuerzos científicos y conocimientos de las poblaciones que habitan en sitios rodeados por el mar, podemos desarrollar en conjunto estrategias que nos permitan cuidar nuestros mares, porque no podemos olvidarnos que todos habitamos el mismo mundo y convivimos en los mismos espacios, con algunas diferencias de distancias, pero que al final todos, por cambios climáticos, salimos afectados.

Otro de los puntos que enfatiza es que existe una conexión global plenamente reconocida entre la tierra y el océano; hay mismos patrones, especies en común, estamos plenamente correlacionados, tanto que los efectos de fotosíntesis que pasan en el mar ocurren también en los seres vivos.

Por otra parte, especifica que el tratamiento de los factores del uso humano que causan efectos no deseados en el bienestar de las personas y en los océanos, y la reducción de la vulnerabilidad de las comunidades costeras ante los desastres, relacionados con el mar, aplica particularmente a los pequeños Estados insulares en desarrollo y a los Estados y regiones situados en tierras bajas, es decir, nos hace falta reforzar la educación ambiental; y cualquier efecto en el mar tendrá consecuencias para los seres humanos, vivan o no cerca de un océano.

Y ante estos escenarios tenemos en el baúl los objetivos del milenio, en donde uno de ellos es sin duda rescatar los océanos. Pero, ¿realmente los países han avanzado en ello o continúan en las luchas por dominar las rutas comerciales marinas, la pesca excesiva, y así enriquecerse? A simple vista, desde una perspectiva de una habitante cerca del mar Caribe, veo con mucha tristeza que no se han aplicado del todo los programas internacionales, y mucho menos federales en materia de protección a nuestras zonas costeras.

Los desarrollos turísticos siguen en pleno crecimiento a costa de sacrificar flora y fauna, pues en realidad eso sí deja dinero para los intereses de unos cuantos. A pesar de que se organizan limpiezas de playas, esto es sólo un granito de arena para la inmensidad del océano. Por ello es necesario que los padres enseñen a sus hijos que ir un día a disfrutar de la playa implica ser responsable, y serlo es no arrojar basura al mar. Cuántas veces no nos hemos encontrado con familias que cerca del mar arrojan sus envases, colillas de cigarros, y todo tipo de desechos, pensando que llegarán lejos, y es un hecho, llegan tan lejos que en las limpiezas de playa en que he participado, tanto en Isla Contoy como en otras partes de Cancún, he podido ver productos de Japón o Europa flotando en las orillas, debido a las corrientes.

No podemos perder de vista que el océano está en movimiento constante y sus corrientes traen y llevan consigo todos los desechos de muchas ciudades.

La aportación más importante del pacto de los océanos, es que se establecen tres objetivos; el principal, proteger a las personas y mejorar la salud de sus aguas, reduciendo la vulnerabilidad de la degradación de los océanos y los peligros naturales, incluidos los tsunamis, y la degradación del medio ambiente, incluidas las posibles fuentes de sustento para las poblaciones costeras.

Como segundo punto, el fortalecimiento de la aplicación de los acuerdos existentes, identificando las regiones y los países más vulnerables a los peligros marinos.

Finalmente, fortalecer el conocimiento del océano para explorarlo como parte de la investigación científica.

Con todos los anteriores objetivos nos queda claro que necesitamos cuidar el mar, por todas las bondades que nos regala. Difundamos desde los hogares y desde las escuelas que al cuidar el océano cuidamos el mundo, y conservamos al mismo tiempo las especies que ahí habitan.

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