14 de Diciembre de 2017

Opinión

Respeta nuestra vida

La violencia contra las mujeres, que inicia con un aparente “piropo”, pronto llega a palabrotas sexuales, miradas a los senos y los glúteos y “metidas de mano” como algo cotidiano.

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La semana pasada se llevó al cabo una multitudinaria marcha en la Ciudad de México para pedir fin al machismo y a la violencia de género.

La marcha se convocó a través del hashtag #VivasNosQueremos, miles de personas inundaron el Monumento a la Revolución y Reforma, la avenida más importante de México. “Ni una más, ni una más, ni una asesinada más”, “Desnudas o vestidas, respeta nuestra vida”, fueron algunas de las consignas que se lanzaron durante el recorrido que duró más de cinco horas.

Fue demoledor leer en las redes sociales infinidad de historias de abuso sufridas por mujeres que liberaron no sólo el secreto de haber sido abusadas alguna vez, sino cómo el hecho se ha repetido a lo largo da su vida. Muchas empezaban con: “Mi primer abuso lo sufrí a los doce años”. Las edades iban variando hasta llegar a los seis y cuatro años de edad. Abusos ejercidos contra las mujeres en la primera infancia, abusos que sucedieron por  manos de gente conocida, gente cercana e incluso gente de la familia. “Me empezaba a crecer el busto” y con ello empezaron una serie de abusos sexuales de los que muchas mujeres no hablaron antes por miedo o por vergüenza, algunas intentando justificar el hecho, otras, entendiendo con los años que no debieron quedarse calladas.

La proclama destapa cómo la violencia contra las mujeres, que inicia con un aparente “piropo”, pronto llega a palabrotas sexuales, miradas a los senos y los glúteos y “metidas de mano” como algo cotidiano. Las mujeres hablamos a la sociedad, en específico a los varones y a quien los educa. Buscamos sensibilizar y exponer cómo un suceso de violencia deja secuelas dolorosas en quien las vive. ¿La respuesta? Algunas mujeres diciendo que les encantan “los piropos”, algunos varones diciendo que exageramos y otros relatando cómo han ejercido abuso sobre las mujeres sin hacer conciencia -hasta el momento- de lo que estaban haciendo. Los índices son altísimos.

Es liberador leer las voces femeninas que se unieron a la protesta, quiero creer que el silencio dejará de tender su oscuro velo, cómplice de infinidad de abusos que cada vez alcanzan cifras más horrorosas y casos tan deleznables como el de “Los porkys”.

Es importante hacer conciencia de que la agresión verbal seguirá un camino a la violencia psicológica, física y sexual. Muchos varones se atrevieron a hablar por miedo a que pueda pasarle a sus hijas, hermanas, novias. Pero insistimos en que el camino verdadero es en sacudir una educación machista que solapa el abuso y que ve en las mujeres un juguete para hacer pedazos.

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