21 de Septiembre de 2018

Opinión

Ritmos y tiempos

Las mujeres nos quejamos cuando el hombre se cierra al contacto, sin darnos cuenta de que es una respuesta a la presión que ejercemos.

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Todos los seres humanos somos diferentes, singulares, con potencialidades y limitaciones- Marcela Lagarde, antropóloga        

Así como en la música hay ritmos diferentes, en las personas también los hay. Los desencuentros entre la pareja se dan, generalmente, a causa de los ritmos y tiempos tan diferentes que tiene cada uno para actuar en la vida; por eso es tan importante observar y aceptar el ritmo propio y el del otro. 

Los hombres se evaden cuando se sienten presionados. Las mujeres nos quejamos cuando el hombre se cierra al contacto, sin darnos cuenta de que es una respuesta a la presión que ejercemos. Hay que aprender a dar el tiempo y el espacio que cada quien necesita. 

Cuando esperamos que algo suceda, nos puede parecer que tarda demasiado. Aceptar la realidad es una señal de crecimiento, de madurez y en ese momento disfrutamos lo que es, lo que se da y dejamos de lamentarnos. 

No existen parejas sin conflicto, sino que precisamente son los conflictos los que hacen atractivo estar con la otra persona, y más que los conflictos, las diferencias, que son las que los provocan. Definitivamente es posible aprender de las dificultades, observar lo que está sucediendo y cómo se puede superar la situación. 

Aprender a tomarse en cuenta a uno mismo ayuda a tomar en cuenta a los demás. Vivir conscientemente (darse cuenta) es respetar la realidad sin negarla y rechazarla para poder afrontarla. Muchas angustias y depresiones se presentan por tener una idea fija de cómo y cuándo se den las cosas y cuando no se cumplen como queremos nos frustramos. Igual pasa cuando el otro no actúa como esperamos que lo haga. 

La mayoría de las personas se pelean por querer convencer al otro de que su propuesta o su postura es la mejor, la correcta. Lo inteligente es saber que no hay una  sola postura correcta: hay varias. Cuando aceptamos la realidad, nos fortalecemos. Si no es así, vivimos temerosos y más vulnerables. 

No hay una sola manera de vivir. Cada persona tiene la suya. De hecho, la vida es un delicado equilibrio impredecible. Es una mezcla de arte y entrenamiento. Hay que estar dispuestos a correr el riesgo de vivir: ¡aceptándonos y respetándonos! 

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.

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