12 de Diciembre de 2017

Opinión

Mantén la mirada en la dona y no en el hoyo

Tenemos que aprender a salir de nuestro egocentrismo y dar, aprender a amar, a dar la vida...

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La semana pasada fui invitado a dar una conferencia a Playa del Carmen por el Día Mundial de la Diabetes. La plática se tituló: “El empoderamiento en el paciente diabético”. Siento que logramos llenar a nuestro auditorio de ese ánimo en luchar ante la adversidad, ya sea la diabetes, una desgracia personal o una muerte no esperada. 

Tratamos de llevar a nuestro auditorio a entender que sólo nos queda luchar cuando una enfermedad nos abruma. Y eso se logra con optimismo, con una dosis de mucha alegría y tratando de injertar en nosotros mismos y en los demás el amor y el servicio. 

La Biblia nos lo dice:  “Un corazón alegre es una buena medicina, pero un espíritu deprimido seca los huesos”. (Proverbios: 17:22).  
“No hay nada más aburrido y carente de poesía, por decirlo así, que la prosaica lucha por la existencia que te quita la alegría de vivir y te sumerge en la apatía”. 

Antón Chejov dijo esta frase cuando la tuberculosis lo consumía y no tenía ya razones para existir y encontrar motivo a la vida. La enfermedad y el desánimo lo llevaron a morir misántropo y odiando su entorno.

Hoy podría ser tu caso: que ya no encuentres razones para existir y no le encuentres sentido a la vida. Tal vez sientas que en este vacío de espera, y tu vida se ha vaciado de todo sentido, y ya no comprendas la razón de tus actos ni de tus palabras, y ves a tu prójimo lejos y distante, y sólo vives... en una pesadilla.

Hay que entender que estás en una etapa de desánimo y sientes que tu vida ya está por terminar.  Pero una frase de E.G. White viene como anillo al dedo: “El ideal que Dios tiene para sus hijos está por encima del más elevado pensamiento”.

Todos tenemos que esforzarnos cada día y cada momento en aspirar lo que constituye la verdadera nobleza del hombre, que consiste en una razón recta, un alma justa, la sabiduría y la prudencia, emanado todo en la búsqueda de un poder superior: ¡Dios!

Tenemos que aprender a salir de nuestro egocentrismo y dar, aprender a amar, a dar la vida, creando e inyectando cada día y con amor la propia vida y hacer de ella una ofrenda a los demás. Que se sienta nuestra presencia como seres positivos e injertadores de optimismo y sin importar obstáculos y generar un camino de amor al andar.

Llegó a mis manos la meditación del “Himno a la vida” y quiero compartirla con ustedes:  “Ama la vida que late en ti. Ama la sonrisa que brilla en tu rostro. Ama la mirada que contempla la luz. Ama tu cuerpo, que es obra de Dios. Ama tu espíritu inmortal e infinito. Ama esas manos que se extienden al amigo. Ama esos brazos que se extienden al hermano. Ama esa voz que les habla de amor. ¡Ámate!  Porque sólo tú eres el más grande de todo el universo y vales más que todas las cosas juntas. ¡Canta, ahora y siempre, un himno de amor a la vida!”.

Para no caer en el desánimo reconozcamos que somos únicos y no nos comparemos con nadie; confiemos en nuestros actos y no nos estemos juzgando continuamente, aprendamos a perdonar y a perdonarnos, entendamos que por nuestros propios méritos podemos salir adelante, realizando nuestra vida: aceptándonos, queriéndonos y estando a gusto con nosotros mismos. 

Terminé mi conferencia con una frase: “Tal vez tengas diabetes, pero la diabetes no tiene por qué tenerte a ti”. Dejemos de sufrir y empecemos a vivir con ánimo y optimismo, eso erradicará el desánimo y el pesimismo, pues mientras transitamos por la vida, amigo o amiga, cualquiera que sea tu meta: “Mantén la mirada en la dona y no en el hoyo”.

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