15 de Noviembre de 2018

Opinión

Rumbo y ritmo

No pasa desapercibida la actitud del gobernador Rolando Zapata que insiste, después de su primer año de gobierno, en mantener el contacto directo con la gente a través del programa Diálogos con el Gobernador.

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Conocer la opinión de la gente y enterarse de sus necesidades ha sido una de las preocupaciones fundamentales del arte de gobernar, desde tiempos inmemoriales, como enseña la anécdota del rey que se disfrazaba de mendigo para escuchar sin recato lo que pensaban de su gobierno.

Esa es la razón por la que hoy muchos políticos guían sus actividades por los resultados de los estudios realizados por las empresas encuestadoras a su servicio y utilizan campañas propagandísticas para reforzar su imagen.

Por ello no pasa desapercibida la actitud del gobernador Rolando Zapata Bello que insiste, después de su primer año de gobierno, en mantener el contacto directo con la gente a través del programa Diálogos con el Gobernador, para darle continuidad al de los Diálogos por Yucatán que distinguió a su campaña política, con la idea de llevar a cabo reuniones públicas abiertas y libres, en lugares populares, en toda la geografía del Estado, con  el doble fin de exponer los avances de su gobierno y de escuchar lo que piensa la gente, sus requerimientos y demandas.

Lo novedoso es que lo haga ya como gobernante, pues demuestra que reconoce no sólo la utilidad de  llevar a cabo la evaluación y seguimiento de su trabajo de gobierno, también manifiesta su disposición para, en caso necesario, rectificar. Lo que en términos democráticos corresponde a una manera profunda de llevar a cabo la rendición de cuentas.

Porque no tiene sentido la evaluación si no se  persigue mejorar, corregir para hacer más eficiente el trabajo. De esta manera el Ejecutivo fija el rumbo y el ritmo de su gobierno. El rumbo que tiene que ver con su objetivo de poner a la gente en primer lugar, escuchándola  para cubrir sus necesidades y el ritmo para encontrar la manera de entregar resultados en el menor tiempo posible.

Esta forma de gobernar contrasta notablemente con la de aquellos que, ajenos a la opinión y los intereses de la mayoría ciudadana, ponen su administración al servicio de los grupos de “notables”, como sucedió, por ejemplo, con el cambio de sede de las carnestolendas meridanas, sobre el que la autoridad municipal se negó incluso a llevar a cabo una consulta popular.

Rolando Zapata ha demostrado, a lo largo de su carrera política, que el contacto directo con la gente  es el mejor método para llevar a cabo la tarea de gobierno y en lo personal ha puesto especial cuidado en mantenerse accesible para todos y cada uno de los ciudadanos, lo que requiere, además de una sólida convicción, de una férrea disciplina.

Pero su constancia ha dado buenos resultados. Eso reflejan los índices de popularidad que lo ubican en los primeros lugares entre los gobernadores mejor calificados, tanto por los que votaron por él como por los demás. Gobernar con la gente siempre da los mejores resultados.

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