21 de Octubre de 2018

Opinión

Salir del abismo

Caer en el abismo es encontrarse perdido, arruinado, temeroso. El abismo es lo insondable...

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Caer en el abismo es encontrarse perdido, arruinado, temeroso. El abismo es lo insondable, lo incomprensible. Cada quien tiene el suyo propio: el de la desesperación, el de la miseria, de la soledad, el de las adicciones.

Hay quienes no recuerdan cómo cayeron, y quienes por decisión caen. O quienes empiezan a caer temiendo, y luego su temor se transforma en el éxtasis de caer.

Esta no es una columna sobre la fatalidad de la vida, sino sobre libros.

Siempre hay una forma de salir del abismo. Gracias a alguna persona, a la familia, a la voluntad propia, o gracias a los libros.  Aquí es donde entran los de autoayuda. No haré aquí una férrea crítica, pero sí quiero hacer unos breves comentarios de ellos y su verdadera utilidad.

Vamos a una librería, y vemos los anaqueles inundados, de títulos estilo “Cómo ser feliz”, “Aprenda a ser exitoso”, “Cómo tener una mejor vida”, “Diez pasos para ser millonario”, “Cómo tener amigos”, etc.

No es que sean completamente inservibles. Pero tampoco que son la salvación en papel y tinta. Los libros siempre son “tablas de salvación ante el naufragio”, como diría Benito Taibo. Pero si uno sólo se queda encima de esa tabla, así nada más, jamás podrá salir de aquellas aguas tempestuosas.

Hay buenos libros de autoayuda, que son verdaderas herramientas, y están basados en verdaderos estudios, o tienen bases científicas y psicológicas. Y también están los que caen por completo en la ridiculez, y son simples productos de la ambición mercantilista de las editoriales y son ensalzados por la publicidad. Libros que tan sólo son un conjunto de palabras bonitas y que resuelven nuestras aflicciones por unos momentos.

Conozco personas que se la pasan toda la vida leyendo estos dichosos libros, saltando de uno en otro, con fingida felicidad y con la supuesta resolución de su vida. Pero siempre he pensado que esa es una prueba más de su ineficacia. Es decir, si en verdad le sirvieran a uno, no andaría comprando toda la gama de libros de autoayuda habidos y por haber. 

Otro punto es, que si en verdad sirvieran, no habría tantos; las librerías no estarían infestadas de estas falsas panaceas. Pero es aquí donde entra el asunto, de si uno en verdad los aprovecha o no. En nada sirven, sino se toma la firme decisión de transformarse, en vez de recurrir una y otra vez a estos remedios cual aspirinas, convirtiéndolos en una nueva adicción.

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