19 de Julio de 2018

Opinión

Salvar un alcohólico es salvar una familia

La férrea voluntad del sacerdote Raúl Ignacio Kemp Lozano y la vocación de las hermanas de la Caridad son fundamentales.

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Me refiero al letrero situado afuera del Centro de Rehabilitación de Enfermos Alcohólicos y Drogadictos “San José Benito de Cottolengo”, formado hace más de veinticinco años. Esta instancia ejemplar recibe y atiende sin costo a adictos al alcohol y una gran variedad de drogas. Con la experiencia personal de haber visitado unidades similares en Hidalgo, Estado de México, D.F. y Cuernavaca, puedo decir que no hay ninguna que se compare siquiera a la eficiencia y caridad que lo simboliza.

Esto no es gratis. La férrea voluntad del sacerdote Raúl Ignacio Kemp Lozano y la vocación de las hermanas de la Caridad son fundamentales, como lo es el extraordinario compromiso y aptitud de servicio del patronato que soporta este notable esfuerzo de diez hectáreas con dormitorios, áreas verdes, cuarto frío, panadería, restaurante, gimnasio, capilla. Todo lo que se requiere en un verdadero centro de rehabilitación. Personas yucatecas comprometidas merecedoras a la máxima presea que el gobierno del estado pueda otorgar cuando se refiere al bien común y la solidaridad con los adictos enfermos.

No encontré el valor del mercado de bebidas alcohólicas en Yucatán, pero imagino importantes beneficios a los accionistas y dueños. Siendo parte del problema de alcoholismo, me pregunto si las empresas productoras y comercializadoras participan económicamente para fomentar centros de atención especializada a enfermos que sufren esta adicción. Me parece de elemental justicia que estas instancias se involucren en la prevención de las adicciones, como normalmente lo hacen pero me parece mezquino que no patrocinen centros que sirvan para rehabilitar. ¿Qué tal aumentar dos pesos a cada botella de cerveza y diez pesos a botella de licor y canalizar estos fondos directamente al patronato del Cottolengo? Esto podría significar que se  replique en otros lugares del estado este notable servicio.

Una historia de éxito... El Cottolengo de Mérida representa un orgullo, suma de voluntades con personas rehabilitadas que se insertan con mejores oportunidades a la sociedad. Por último me pregunto si las empresas tabacaleras  invierten una parte de sus utilidades en investigación de cáncer pulmonar y la creación de centros de soporte al ciudadano en lugar de poner fotos de enfermos con caras tristes. Vaya bien.

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