11 de Diciembre de 2017

Opinión

San Lázaro, o el milagro de la reproducción de las bardas

El cerco que cubre tres estaciones del Metro, selladas con singular alegría, seguramente conmovería al arquitecto del Palacio Negro de Lecumberri y habría sido la envidia de Sauron, príncipe de Mordor.

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Cual fanáticos de una feligresía de la puerta negra que está cerrada con mil candados, altísimas autoridades que superan la altísima autoridad de Murillo Karam del PRIcámbrico temprano, quien inmediatamismo se deslindó del operativo (sobre el que de manera muy echeverrista no lo aprueba ni lo reprueba sino todo contrario), sellaron a piedra y lodo la zona del Congreso que ha quedado convertido en una especie de castillo de la pureza de la política nacional, para la tranquilidad emocional del ungido y del próximo jullido.

Aunque a algunos les parezca exagerado que a una semana de la toma de posesión se haya recurrido a la lógica totalitaria, tiene sentido que la corte de los milagros de la partidocracia, el stand up comedy calderoniano y el nuevo tlatoani no se mortifiquen por las amenazas de los resentidos y los revoltosos que no saben valorar las transiciones-transacciones de terciopana.

Sí, como dice Manlio Fabio Superstar: “Dejemos atrás la injuria e iniciemos un periodo de concordia y civilidad”. En esta patria siempre habrá tiempo para injuriarse incivilizadamente.

Así, el Estado Mayor Presidencial y la SSP bloquearon de manera humanitaria el libre tránsito de parroquianos y vecinos en un área de 2 mil 35 mil cuadras —diría la Maestra— para que se ejerciten dando rodeos descomunales y a la vez se sientan bien protegidos. Además esto tiene un carácter profundamente artístico: en medio de la difícil misión de organizar el milagro de la reproducción de las bardas, se inspiraron para su montaje en el penal de Piedras Negras y en la cárcel de Cananea que está situada en una mesa.

El cerco fronterizo que cubre tres estaciones del Metro, selladas con singular alegría, seguramente conmovería al arquitecto del Palacio Negro de Lecumberri y, sin duda, habría sido la envidia de Sauron, príncipe de Mordor, paraíso de los orcos cazadores de hobbits.

Si las playas normandas hubieran disfrutado de un cerco como el de San Lázaro, el desembarco de las fuerzas aliadas no habría tenido éxito. No se diga el equipo León que, con un rigor así en su defensa de agua, los Xolos nomás no llegan a la final.

Y es que aquel muro que resguarda celosamente la tierra prometida de los diputeibols homenajea en su rigor grisáceo al de Berlín, donde los acreditados podrán pasar a ese mundo de caramelo donde habrán de armarse los ritos protocolarios del cambio de poderes.

Ya lo vaticino Jelipillo citando a la sabia Yuri: Siempre vendrán tiempos mejores.

www.twitter.com/jairocalixto

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