20 de Octubre de 2018

Opinión

Sanando las heridas

En vez de quejarnos se puede emprender la tarea de convertirlas en un cincel que rompa las duras capas que nos impiden llegar a nuestro núcleo interior...

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El mejor terapeuta es el que ha llorado y va sanando sus propias heridas.-  Anónimo

Es terapéutico (curativo) reconciliarse con la propia historia y con las heridas personales.

A veces los padres lastiman a sus hijos como ellos fueron lastimados; quisieran conducirse mejor que como fueron sus padres y sin embargo llegan a adoptar un comportamiento igual o parecido al de ellos. Quien fue lastimado, a su vez lastima. Cuando hacemos el esfuerzo de entender las conductas hirientes de los propios padres, nos liberamos. Ya no se juzga, se comprende y perdona.

Llegamos a ser sensibles a través de nuestras propias heridas. Podemos intentar aceptarnos con nuestra sensibilidad y ver lo positivo. Seremos más comprensivos con lo que los otros sienten y con su situación interior para decirles que se pueden sanar las heridas. Estas nos revelan nuestras fortalezas y también nuestras capacidades. En vez de quejarnos se puede emprender la tarea de convertirlas en un cincel que rompa las duras capas que nos impiden llegar a nuestro núcleo interior.  Al aprender a aceptarnos con nuestras experiencias, defectos, fuerzas y debilidades, ya no le permitimos al “ego”, con sus creencias y temores, tomar el timón de nuestra vida.

Yo ya no me protejo de mis heridas con armaduras falsas. Me encuentro con corazones heridos y abiertos como el mío, y permito que entren en mí. Así, puede haber un verdadero encuentro. Mis heridas me abrieron el camino hacia Dios. Ya no me cierro ante Él, le pido que entre en mí y me sane. Benditas heridas que me han llevado a mi yo profundo, a mi esencia, hacia los demás y hacia Dios.

Reconocemos y sanamos nuestras heridas al hacer contacto con nuestra esencia divina, descubriendo que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios Creador. Seremos más auténticos y, nuestra vida será completa, original y verdadera. Es cuando diremos convencidos ¡YO SOY YO!

Hay un territorio en nuestro ser donde existe un espacio de quietud, de sabiduría, libre de las heridas, de las opiniones humanas, de sus expectativas y de lo que piensan y hablan de nosotros los demás. Ahí es donde estamos sanos y salvos.

CONCLUSIÓN: soy una persona original y auténtica, soy única, soy ¡YO MISMA!

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.

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