23 de Mayo de 2018

Opinión

Santificarás las fiestas

Me pregunto si es aún vigente, si al sentarnos a la mesa sabemos qué celebramos y por qué celebramos o sólo no sentamos a comer y beber.

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Hace algunos años fui invitada a participar en un ciclo de obras que llevarían por temática los diez mandamientos. Yo debía escribir sobre el  tercer mandamiento: “Santificarás las fiestas”. Mi obra versaba sobre una familia disfuncional que decide celebrar el año nuevo aun cuando recientemente ha sufrido el suicidio de la madre y la hermana de los personajes principales.

Este hecho provoca tensiones familiares, discusiones, traumas y desarrolla en las mujeres más jóvenes anorexia y bulimia. Al llegar la cena navideña, nadie come y la celebración anual se convierte en tortura. La protagonista decide contratar un chichifo y hacerlo pasar por su novio formal a fin de aparentar una pareja estable frente a su familia y no sufrir la burla de estar sola en fechas tan importantes.

La obra tuvo muy buena recepción y estuvo programada en la escuela del espectador en Buenos Aires. Me pregunto si  es aún vigente, si al sentarnos a la mesa sabemos qué celebramos y por qué celebramos o sólo no sentamos a comer y beber. No quiero unirme a la larga lista de “Grinchs”, pero me gustaría saber qué pasaría en la mesa de algunas familias si los alimentos desaparecieran ¿Habría algo que hablar? ¿Motivos para celebrar? ¿Existe Navidad feliz sin mercadotecnia? ¿Sin compras superfluas? ¿Es lamentable no tener pareja en Navidad?

Mi obra argumenta que a la par de celebrantes felices también hay gente disfuncional y que debería haber lugares para condolerse cuando no hay nada que celebrar. Si así fuera, esos lugares estarían repletos de disfuncionales el día de la madre, del padre, del niño. Mi obra se estrenó en Buenos Aires hace cuatro años y en 2014  se estrenará en México.

Tendrá una temporada en el Centro Cultural del Bosque. Si Santa Claus existe le pido que mi regalo sea traer mi obra a Mérida.  Mientras el tiempo pasa y la vida hace sus  cosas; deseo a los lectores, grandes, felices fiestas, aunque no sean con los mejores platillos o las marcas más codiciadas.  

Creo que la amistad y la salud mental son los grandes regalos de la vida, y llegan en envolturas distintas, regalos que debemos construir nosotros mismos y  que marcan por sí solos sus fechas de caducidad. Quizá la soledad es un regalo especial que solemos evitar en estas fechas, pero no creo que haya nada de malo en ella, sobre todo si hemos aprendido a ser buena compañía para nosotros mismos.

Si Santa Claus existiera le pediría que nos regalara salud, inteligencia, amor y buena compañía. Por si las dudas, hagamos estos regalos a nosotros mismos y a aquellos que queremos.

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