17 de Octubre de 2018

Opinión

Se fue Reinhardt

No fue mi maestro de educación física, no lo traté en el pasado con motivo de la práctica del fútbol o del atletismo...

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No fue mi maestro de educación física, no lo traté en el pasado con motivo de la práctica del fútbol o del atletismo, tampoco fui un allegado a él como Memo Ojeda o como Carlos Muñoz, Roberto Castelán u otros jóvenes a quienes atraía su fuerte personalidad como instructor deportivo; pero siempre admiré ese carácter bravo e indomable que lo caracterizó hasta el último día de su vida. 

El pasado miércoles 25 de junio, un día después de que el calendario marcara la fecha festiva en honor a San Juan Bautista, murió un icono de la práctica, la promoción y la divulgación del deporte en nuestra ciudad, el profesor Reinhard. Había vencido, en su juventud, a rivales más fuertes, más ágiles, más experimentados boxísticamente, y luego a lo largo de su vida ganó múltiples batallas contra la adversidad y el olvido institucional; fue un luchador nato e inquebrantable, pero no pudo salir victorioso en la última gran pelea contra la diabetes. Iba a cumplir, el próximo 23 de julio, cincuenta y nueve años.

Apoyó infinidad de programas deportivos, la mayoría de veces sin cobrar, de casi todos los gobiernos municipales priístas que han desfilado por esta ciudad; pero paradójicamente fue el del perredista Julián Ricalde, quien en noviembre del 2011 le otorgó, junto a otros afamados personajes vinculados al ámbito de los deportes, un merecido reconocimiento por su vasta y fructífera trayectoria enmarcada por sus 37 años al servicio de la enseñanza de la educación física y su compromiso en general con las nuevas generaciones.       

La vida del profesor Juan Bautista Reinhard es un ejemplo de apasionamiento y de esmero en su profesión. Fue un maestro de la enseñanza deportiva y un impulsor en toda la palabra del deporte como disciplina formativa del ser humano. Luchó siempre contra la falta de apoyo institucional y la carencia de interés por cuidar y alentar el potencial humano de los jóvenes de Cancún. Su esmero ha dado frutos. 

En el ámbito del deporte el chetumaleño Reinhardt mantuvo siempre su fe en la potencialidad de sus jóvenes prospectos; tenaz para preparar el terreno de juego y paciente para cosechar los frutos de sus pupilos, siempre con una clara visión futurista. A principios de los 80 del siglo pasado empezó a entrenar en los campos llaneros a quienes más tarde serían los primeros futbolistas profesionales de Cancún.

En septiembre de 1977, tras haberse graduado como profesor de educación física por la ENEF de Puebla, decidió establecerse en Cancún y con ello marcó para siempre su destino. Su amor por Cancún, su entrega y su apasionamiento por el deporte, continuarán siendo el mejor legado que un maestro le puede heredar a su alumnos.  Seguramente “El Profe” desde allá arriba nos recordará siempre su frase predilecta: “Que haya buen juego y que gane el mejor”. Descanse en Paz.

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