14 de Diciembre de 2018

Opinión

Se pudre la herencia chavista

En Venezuela, Hugo Chávez influyó para llevar a cabo la disolución del Congreso bicameral.

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Durante décadas gran número de países latinoamericanos padecieron gobiernos militares dictatoriales, los golpes de estado se sucedían con frecuencia inusitada y la violencia era un denominador común en los cambios de gobierno. Este panorama permaneció inalterado hasta los años setenta, en los que en numerosos países surgieron grupos guerrilleros de izquierda inspirados en el modelo cubano, esta guerrilla de izquierda fue generada por la falta de posibilidades de expresión y diversidad política; fue una clara reacción social ante la brutalidad de los gobiernos militares de la región.

Esta guerrilla se extendió a través de muy diversos países, los Tupamaros en Uruguay, Sendero Luminoso en Perú, el Frente Farabundo Martí en El Salvador; se registró una gran cantidad de movimientos semejantes en Brasil, Argentina, Nicaragua, Guatemala, Bolivia, Colombia, Chile e incluso México, que en los años setenta tuvo que enfrentarse a las acciones de la Liga 23 de Septiembre que buscaba derrocar al gobierno e implantar un gobierno socialista semejante al cubano.

Durante los años ochenta la democracia lentamente se comenzó a establecer en Latinoamérica, después de casi 20 años de gobiernos democráticos pro globalización y libre comercio, el mejoramiento del nivel de vida continuaba siendo raquítico, las grandes demandas de educación, trabajo, justicia social, alimentación, acceso a la salud seguían insatisfechas; esto generó que los electores latinoamericanos giraran sus preferencias electorales hacia la izquierda y así surgieron gobiernos de izquierda en Venezuela, Bolivia, Brasil, Chile, Nicaragua, Ecuador, Uruguay.

Las diferencias entre los gobiernos de izquierda en América son muy marcadas, algunos se orientan hacia una izquierda moderna y democrática, como los gobiernos de Chile y Brasil, mientras otros han elegido el modelo cubano.

En Venezuela, Hugo Chávez influyó para llevar a cabo la disolución del Congreso bicameral, asegurándose de establecer una Constitución a modo que, en la medida de lo posible, le permitiera el control político de la vida del país; tras su muerte, Nicolás Maduro asume el poder sin tener el impacto mediático que Chávez tenía, y su conducción económica ha deteriorado enormemente el nivel de vida de los venezolanos y está erosionando la paz social.

Actualmente el 98% de los ingresos por exportaciones provienen del petróleo, lo que genera una economía brutalmente petrolizada, pero mientras en 1999 se producían 3.3 millones de barriles de petróleo al día, en 2013 únicamente se generan 2.5 millones de barriles por día; la deuda externa se cuadruplicó entre el 2005 y el 2013.

La moneda es la más devaluada de América y la tercera más devaluada del mundo, el precio del dólar controlado se encuentra alrededor de los 6.30 bolívares, pero en el mercado negro la cotización se encuentra entre 75 y 80 bolívares por dólar, más de 13 veces superior al tipo de cambio oficial, y la inflación del año pasado llegó a un 56%, el control oficial de los precios ha generado una reducción en la oferta de bienes y servicios y una gran escasez de bienes de consumo.

El 13 de febrero el gobierno venezolano libró una orden de aprehensión contra el líder opositor Leopoldo López, acusándolo de incendio, asociación e instigación a delinquir; López había participado activamente en una marcha estudiantil en la que se pedía la liberación de estudiantes detenidos por protestar ante la situación del país; el miércoles de esta semana el líder decidió entregarse a las autoridades, el descontento popular se ha hecho manifiesto y Caracas sufrió una intensa noche de disturbios, bloqueos de calles, quema de basura; los enfrentamientos entre la Guardia Nacional y los opositores están acabando con el delicado equilibrio social que aún queda en Venezuela. 

El pueblo venezolano, harto de la inflación, los problemas económicos, la escasez de productos básicos, la falta de libertad de expresión, el empecinamiento del gobierno en negar validez a visiones distintas a las del chavismo, está en camino a un estallido social de graves proporciones; parece ser que el absolutismo, el mesianismo, la inoperancia económica de las políticas gubernamentales llevan a Nicolás Maduro y su gobierno a generar un clima de violencia que probablemente le signifique a Venezuela la sangre de muchos de sus ciudadanos para poder recuperar la estabilidad del país.

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