21 de Octubre de 2018

Opinión

Ser docente II: trabajar con adolescentes

Trabajar con adolescentes hoy es asumir el reto de dialogar con nativos digitales, una condición que influye fuertemente en el proceso de aprendizaje y la retención de contenidos.

Compartir en Facebook Ser docente II: trabajar con adolescentesCompartir en Twiiter Ser docente II: trabajar con adolescentes

Definitivamente quienes opinan que la docencia es una de las profesiones menos problemáticas nunca han estado en un salón de clase frente a un grupo numeroso de personas, todas con distintas necesidades y estilos de aprendizaje . Necesidades y estilos que a veces son auténticos trampolines, pues uno puede estar cuatro horas con alumnos de educación media superior, para luego pasar a dos  horas con universitarios en un solo día. Ni qué decir de brincos más extremos, como proceder de la enseñanza en las aulas universitarias a estudiantes de educación básica, sin todavía agregar lo que implica el verdadero reto: son adolescentes. “¡Qué valiente!”, exclamó una profesora de la licenciatura que estudié.

La misma expresión encontré en un adolescente al saber, durante una de nuestras dinámicas de salón, que en mis primeras veces dirigiendo una clase los estudiantes tenían entre 25 y 50 años, casi doblándome la edad, que en aquel entonces andaba en los 22. Después, les expliqué que se trataba de personas formadas en ciencias exactas y otras disciplinas interesadas en leer y discutir obras literarias. “En unos años alguno de ustedes podría ser mi profesor”, les aclaré, “aunque sean 10 años menores que yo”.

En secundaria y preparatoria se trabaja no sólo con conocimiento, también con emociones e historias de vida. En la universidad se puede desarrollar sin menor contratiempo toda clase de proyectos, forjando lazos realmente fuertes, como fue mi caso con mis profesores de la carrera, a quienes admiro y veo como claro ejemplo. Pero si algo he descubierto de trabajar con adolescentes es que, en ese pender entre la infancia y la adolescencia, las emociones y sentimientos se transparentan de manera más fácil.

El afecto de un alumno en la adolescencia puede ser de los más honestos. Cuando la frustración, que es habitual en esta labor, sucede por actitudes que no corresponden a lo esperado, siempre es bueno tener presente a nuestros estudiantes más entusiastas, del mismo modo que hay que comprender que las actitudes desalentadoras son a causa de historias personales que desconocemos. 

Trabajar con adolescentes hoy es asumir el reto de dialogar con nativos digitales, una condición que influye fuertemente en el proceso de aprendizaje y la retención de contenidos. Y por lo mismo los docentes nos terminamos familiarizando con ese lenguaje que tiene referencias del internet, los videojuegos y la cultura pop. Algunas de esas frases son: “tengo lag mental”, “se bugueó el clima hoy”, “maestra, a esa oración le falta : y una v al final (para que parezca un :v)”, “Un clásico” y “¿qué cree? ya soy nivel 11 en Pokémon GO”.

LO MÁS LEÍDO

LO MÁS COMENTADO

NOTAS RELACIONADAS

Comentarios

Responder a  Name   
Comentarios
Responder a  Name   
Responder a  Name   
DE:(TUS DATOS)
Nombre
E-mail
ENVIAR A:(DESTINATARIO)
Nombre
E-mail
Comentarios