20 de Abril de 2018

Opinión

¿En serio? Derechos en serio

Un juez filósofo ideal superdotado que denomina “Hércules” es capaz de resolver la disyuntiva entre la intención de la ley y los principios jurídicos.

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Hans Kelsen es un autor de los más influyentes en una concepción del Derecho, el positivismo jurídico. Para Kelsen, Estado y Derecho son idénticos, el primero es personificación del segundo. Si bien es cierto que ambos son fenómenos diferentes, también lo es que mucha gente relaciona Derecho con Estado, como si fueran sinónimos.   

Quien percibe al Derecho como una materia químicamente pura (Kelsen) hace a un lado aspectos de nuestra vida social que se tienen que tomar en cuenta. Para Kelsen el llamado “conocimiento moral” no es cognoscitivo, por tanto no tiene carácter científico. No es conocimiento propiamente dicho. No podemos percibir el derecho como un conglomerado de disposiciones normativas sin coherencia moral o ética. Esto es imposible para la vida  en sociedad. La antítesis de esta concepción positivista la encontramos en el jurista norteamericano Ronald Dworkin: “La Constitución funde problemas jurídicos y morales, en cuanto hace que la validez de una ley dependa de la respuesta a complejos problemas morales, como el de si una ley determinada respeta la igualdad inherente de todos los hombres”. En Los Derechos en serio, Dworkin enuncia un caso en donde se establece claramente la vinculación entre los problemas morales y jurídicos. Para este autor la ética está dentro del Derecho.

Un juez filósofo ideal superdotado que denomina “Hércules” es capaz de resolver la disyuntiva entre la intención de la ley y los principios jurídicos.  

Para Dworkin, los derechos individuales no son más que triunfos frente a la mayoría. Son los verdaderos derechos. Ninguna directriz política ni objetivo social puede triunfar frente a un auténtico derecho, por eso  titula su obra: Los Derechos en Serio;  los demás derechos colectivos, ¿no son dignos de ser considerados serios? En el devenir histórico, primero se constituyen los derechos del individuo y luego los colectivos. Es decir los que le ganan triunfos a los derechos particulares son los derechos colectivos y no viceversa.

John Rawls defiende una postura individualista basada en logros sociales (la justicia como igualdad), al afirmar que el individuo es más importante que la masa, porque cualquier beneficio general que se pudiera obtener (en sentido utilitarista), se debería producir después de que todos tuvieran oportunidad de mejorar, o como consecuencia de esa oportunidad. Esta posición ideológica lleva a una postura egoísta propia de un sistema liberal que privilegia lo individual sobre lo colectivo. Pensamos que hay derechos colectivos que, en aras de la armonía social, tendrían que ser considerados por encima de los particulares.

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