19 de Septiembre de 2018

Opinión

Si yo fuera Murillo Karam

Ahí tienen a Emilio Lozoya, de Pemex, que para humillar a sus contlapache y presumir cultura puso ahí que era el feliz poseedor de unos Dalí.

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Si yo fuera Murillo Karam, distinguido líder en la PGR que le ha tocado levantar los escombros que dejó a su paso el huracán Marisela (Morales), habría hecho lo mismo. No me refiero a hacer como que la virgen le habla en ciertos temas polémicos de la agenda justiciera, sino a lo que tiene que ver con la declaración patrimonial que se negó a presentar.

O sea, qué necesidad tenía de sacar a pasear públicamente sus miserias frente a la opulencia del resto de sus camaradas en el gabinete peñista. ¿Nomás para pasar vergüenzas junto a Navarrete Prida que casi gana lo que Cuauhtémoc Blanco en una temporada, o palidecer ante los relojes, joyas y obras de arte del Gelboy, que por humildad, y no por otra cosa, no quiso detallar su monto y procedencia? Ahí tienen a Emilio Lozoya, de Pemex, que para humillar a sus contlapache y presumir cultura puso ahí que era el feliz poseedor de unos Dalí. No se vale.

E insisto en que yo hubiera hecho lo mismo que Murillo Karam, guardar en secrecía sus cositas, porque para salir y hacer el pancho como Luis Antonio Meade, el canciller, en cuya declaración destaca un ropero (solo que fuera el de la abuelita de Cri Cri, o el de Narnia hubiera valido la pena), calladito me veo más bonito.

Además, tampoco era como para hacer lo que Chayito Robles, en cuya declaración no menciona ningún recuerdo siquiera de su pasado en la izquierda combativa. O caer en lo de Mondragón y Kalb que, según para que le tengan miedo los Chapos, Zetas y Azules, presumió su colección de armas. Pero cometió el error de no ponerle más emoción al asunto y aclarar que al menos posee una buena dotación de misiles Tomahawk para acabarlos de asustar.

Como quien dice, les faltó asesoría a la hora de llenar sus formatos. La cosa no era solo evitar el jugueteo con los sentimientos de los mexicanos que, ya se sabe, son como jarritos de Tlaquepaque (les molesta hasta que Peña confunda las siglas del IFAI como si fueran libros, chale), sino impedir que la oposición aprovechara las pifias para armar panchos. Y bueno, si hasta Los Chuchos que están amaestrados con lo del Pacto por México la hicieron de jamón...

Qué bueno que Murillo Karam resistió la tentación y se guardó celosamente sus secretitos. Yo hubiera hecho lo mismo. De lo contrario le hubiera pasado lo que a Lance Armstrong que, ante pregunta expresa de Oprah Winfrey sobre por qué lo había arriesgado todo al consumir sustancias prohibidas, respondió: “Por el deseo de ganar”.

Además, ya lo dice la máxima: todo se puede ocultar menos la felicidad y el dinero. 

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