12 de Diciembre de 2017

Opinión

Sin proyecto no hay candidato

La mayoría de los candidatos no merecen el término ni el puesto; tienen muchas asignaturas pendientes, y no pueden postergarlas hasta los tiempos oficiales para comenzar a armar las propuestas sólo para las campañas.

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Los candidatos a un cargo de elección popular o plurinominal, cualquiera que sea el caso, antes de enfocarse solamente en la estructura de su partido para mostrar su “músculo” y demostrar que pueden ganar votos, deberían  construir un proyecto que beneficie realmente a los municipios.

En este tema no es una cuestión de candidatos, sino de partidos, porque independientemente de a quién elijan como representante, cada instituto debe contar con iniciativas no promesas, basadas en estudios de impacto, medibles, claros, con los que combatan los principales problemas de las localidades.

Algunos podrían decir que esperarán las precampañas para empezar a hablar de propuestas, pero eso sólo revela su falta de preparación de un verdadero plan de trabajo, con proyectos ancla que, lejos de acciones correctivas, sean soluciones de beneficio a corto, mediano y largo plazos; si no existen estas iniciativas, estamos frente al deseo del poder por elpoder y no el poder para aportar.

Pensar que llegarán a sus puestos tratando de apegarse a los planes municipales de desarrollo y de otros niveles también es pensar en pequeño, la urgencia de apoyo a las ciudades y otras localidades merece hombres y mujeres que estén a la altura de los retos. 

La mayoría de los candidatos no merecen el término ni el puesto; tienen muchas asignaturas pendientes, y no pueden postergarlas hasta los tiempos oficiales para comenzar a armar las propuestas sólo para las campañas, para prometer y endulzar los oídos en vez de armar programas de impacto positivo en la vida de los ciudadanos. 

En estas circunstancias el dinero no es el problema, los partidos cuentan con financiamiento de los organismos electorales y cuando ganan las elecciones, los victoriosos tienen un súper sueldo y un presupuesto del que pueden disponer; entonces ¿por qué no hacen su trabajo? Y en cada elección la credibilidad de las instituciones políticas hay que reconstruirla como una mascarilla, que eventualmente se va a caer porque no apostó por soluciones reales sino por “maquillaje” que hace ver bien por fuera, aunque por dentro todo se esté derrumbando.

En tanto los ciudadanos deben afinar los sentidos  para cuestionar todas las promesas de campaña  y saber si detrás de éstas hay un proyecto pensado para la mejora de la comunidad, y no sólo la mejora del estilo de vida del político y su ascenso en los puestos de elección popular.

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