22 de Octubre de 2018

Opinión

De sip’onas, flacas y ts’uts’itas

Entre los mayas yucatecos, gozar de buena salud, tener el cuerpo orondo, ser capaz de procrear hijos sanos, poder amamantar y tener la fortaleza para trabajar son aún valores prioritarios sobre la belleza física.

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En diversos grupos mesoamericanos de la antigüedad, la imagen femenina es iconográficamente representada exaltando la redondez del cuerpo, caderas amplias y senos grandes, con lo que denotaban el vigor, la capacidad reproductiva y la crianza de los hijos. Entre los mayas yucatecos, gozar de buena salud, tener el cuerpo orondo, ser capaz de procrear hijos sanos, poder amamantar y tener la fortaleza para trabajar son aún valores prioritarios sobre la belleza física.

Entre los mayas de hoy también existen nociones para describir el atractivo físico femenino. Creo que, al igual que en la antigüedad, los muslos grandes y las redondeces continúan siendo atrayentes para la mayoría, a diferencia del cuerpo masculino que es más angular. Expresiones mayas como chaknuule’en (chak, rojo, nuul, inflamación), o kukutkil polkil (kukut, piel, cuerpo, -il, relativo a, y polokil, regordete, cosa carnosa) describen la desnudez o el cuerpo joven, lozano y rozagante.

Abundan metáforas relativas a la hermosura del cuerpo humano aunque con cierta connotación sexual. Así, de una muchacha joven, robusta y de buenas carnes, se dirá que está sip’ona. Deriva del adjetivo maya siip’, hinchado/a, prominente y el aumentativo -ona. Se dice de las ciruelas o guayabas que están llenas e hinchadas de madurarse: “Las ciruelas ya están sip’onas”, es decir, jugosas, sazonas, lustrosas, a punto de comerse con especial gula.

Como sinónimos de sip’ona se usan wak’ona de wáak’, lit. “como a punto de reventar” más el aumentativo -ona: “Esa chamaca está wak’ona”; o que está t’int’inkij (duplicativo de t’iin, muy tenso y –kij, posfijo adjetival). No confundir con una persona gorda, de vientre abultado a quien se llama despectivamente como p’uurux o con el aumentativo p’uruxón/a.

De una persona flaca o enjuta (como las modelos que aparecen en las revistas de hoy) en maya se diría que está ts’oya’an, lit. enflaquecido/a. Del participio pasado de ts’o’oy, flaco, delgado: “El perro está ts’oya’an”, es decir, que tiene poca carne y poca grasa en su cuerpo.

De igual forma se usa bek’ech, flaco; que parece un ch’ilib (rama delgada sin hojas); o que está k’ak’alito, de k’ak’al, persona o animal que está en los huesos y el pellejo, más -ito. Si además de flaco/a, la persona es de baja estatura entonces se dirá que está ts’uts’ito/a. De ts’uuts’, chupado, cosa marchita y seca.

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