16 de Julio de 2018

Opinión

Sismos y Huracanes

Con el inicio de la temporada de huracanes y en particular con la presencia de “Amanda” en la costa del Pacífico...

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Con el inicio de la temporada de huracanes y en particular con la presencia de “Amanda” en la costa del Pacífico, así como los últimos sismos ocurridos en el centro del país, cabe analizar la situación actual en materia de protección civil. 

Desde 1985, tras el sismo que destruyó gran parte de la capital del país y posteriormente el embate del huracán Gilberto en 1988, se reestructuraron las políticas públicas en materia de protección civil para todas las potenciales amenazas de la naturaleza que afectan cada año.

Mejor coordinación en preparación, respuesta ante emergencias, colaboración aguda entre los sistemas de alerta temprana y científicos, así como la aplicación tecnológica para el monitoreo antes, durante y posterior a un fenómeno.

Afortunadamente los planes y políticas en materia de prevención de desastres van avanzando con el paso de los años, un ejemplo de ello es la creación de una Agencia Nacional de Huracanes y Clima Severo, la modernización del Sistema Meteorológico Nacional y la construcción de 10 centros regionales para monitorear el clima, con una inversión cercana a los 50 mil millones de pesos, todo ello impulsado por el gobierno federal.

Este cambio estratégico tiene mucho que ver con el estudio sobre la situación de protección civil en México, elaborado en 2012 por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en el que sugirió a México, invertir más recursos para la prevención de desastres,  capacitar a los municipios en materia de protección civil y avanzar en la regulación del uso de suelo, con miras a reducir desastres futuros.

Esta modernización coloca nuevamente a nuestro país, como una de las naciones mejor preparadas para enfrentar los fenómenos geológicos y meteorológicos que se presentan año con año, con mayor fuerza.

Es importante que se sigan haciendo esfuerzos e inversiones en la materia, ya que tras un desastre natural, se trastorna la actividad económica del lugar donde ocurre y paralelamente la del país; basta recordar el costo del sismo ocurrido en Ciudad de México en 1985, cuya afectación ha sido de las más importantes de la historia, ya que,  de acuerdo con estimaciones de Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), éstas representaron el 2.1% del Producto Interno Bruto nacional y el 9.9% del PIB del Distrito Federal; por su parte el huracán Wilma ha sido hasta la fecha el fenómeno natural más costoso, con pérdidas estimadas en alrededor de 1,752 millones de dólares; además de las afectaciones sociales que conllevó.

Quintana Roo y la Ciudad de México son las entidades que mejor desarrollan, manejan y  aplican sus programas de protección civil; el reto estará siempre en hacer conciencia entre la población que vive en zonas susceptibles a la presencia de fenómenos naturales, a actualizarse, informarse y crear planes de protección civil en los hogares, para el saber cómo actuar en caso de que se presenten. ¡Que la pluma siga girando!
@octavio_luna

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