20 de Febrero de 2018

Opinión

Solo lectores

Hoy la lectura está más abierta y accesible que nunca, pero a un gran sector de la población sigue sin interesarle un ápice.

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Ningún lector podría culpar al visir de Persia al-Sahib ibn Abbad Abd al-Quasim, ni por su extenso nombre ni  por su extravagancia de hacer transportar su colección de 17,000 volúmenes, durante sus viajes, por una caravana de 400 camellos, sólo con la finalidad de no separarse de sus libros.

En el siglo X sólo un acaudalado amante de sus manuscritos y libros podía hacer esto, de alguna u otra manera la lectura era exclusiva de las élites y lo siguió siendo por un prolongado lapso de tiempo. Incluso en el siglo XIX las bibliotecas domésticas que adornaban bellos salones de la aristocracia eran para uso exclusivo de los hombres, quienes supervisaban las lecturas apropiadas para las mujeres del hogar. 

Seguramente muchos recuerdan la novela de Markus Zusak publicada en 2005 y llevada a la pantalla grande en 2013 con el mismo título: La ladrona de libros, que refleja la dificultad de su acceso a principios del siglo XX y más aún en medio de una guerra y una dictadura, así como la forma en que éstos pueden, incluso, salvar vidas, literal y metafóricamente hablando. Esta historia de la pasión de una niña pobre contrasta con la del visir de Persia, pero en esencia ambos comparten un mismo amor, un mismo sentimiento hacia los libros. Uno los posee en exceso y la otra no posee ninguno, pero ambos son lectores. 

Las encuestas sobre lectura suelen tener la fría intención de responder a qué tanto se lee en determinado lugar. Las cifras recientes nos dicen que cada mexicano lee entre 3 y 5 libros al año, y se define como no-lector a quien no leyó ningún libro en los últimos tres meses, dejando a un lado las nuevas formas y formatos de lectura. La gran dificultad siempre ha sido esa necesidad de 'clasificarnos' o nombrarnos para todo, lectores o no lectores, no es algo determinante, divide, como toda clasificación y en cierto modo, desestima. 

Hoy la lectura está más abierta y accesible que nunca, pero a un gran sector de la población sigue sin interesarle un ápice y también a otro sector tampoco le interesa que se lea, porque genera una conciencia y un entendimiento más cabal del mundo que rodea al individuo y eso puede resultar, para algunos, peligroso. Por eso creo que si habremos de seguir ese impulso de clasificarnos (y dividirnos) yo diría que sólo hay dos tipos de lectores: los discretos y los ególatras, y esta definición nada tiene que ver con el número de libros que leen o poseen ni con las formas. Estoy segura que usted reconoce muy bien a los del segundo tipo, los que se creen superiores a los primeros, pero lo cierto es que sólo es una forma de decirlo, porque ambos son en realidad solamente lectores.

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