21 de Septiembre de 2018

Opinión

El suicidio de Europa

Paul Krugman explicaba las técnicas de la burocracia monetarista comparándolas con los médicos antiguos que sangraban al paciente sin darle un remedio auténtico.

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Paul Krugman (Premio Nobel 2008), liberal antimonetarista, ha dado en sus artículos argumentos suficientes para entender por qué, de ser griego, hubiera votado No a la tiranía del nuevo capitalismo financiero que domina Europa y que ese No sería un triunfo para Europa entera y no sólo para Grecia. Hizo lo propio, aunque desde posturas más a la izquierda, Thomas Piketty, el economista francés más leído hoy y, junto con un grupo de otros destacados economistas, incluido otro premio Nobel, pidió a Europa que tuviera cuidado con la cuestión griega y viera lo positivo de su No.

En algún artículo, Krugman explicaba las técnicas de la burocracia monetarista comparándolas con los médicos antiguos que sangraban al paciente cada vez más y con ello lo debilitaban cada vez más sin haberle dado ningún remedio auténtico. Pero si, además de debilitarlo sin sentido, lo que busca “el médico” es vengarse del paciente  y sangrarlo con más furia estamos frente a un crimen.

Escribo estas notas la noche del domingo, tras de haber seguido la negociación entre Grecia y el resto de Europa con todas las dificultades a que mi ignorancia en temas económicos tan enredados condena y con otras dificultades tal vez mayores: las contradicciones de los medios informativos junto con las notables enjundias ideológicas de los comentaristas. 

Mucho debo haber entendido poco y mal pero me quedó clarísimo que Alexis Tsipras convocó un referéndum y que eso nunca había pasado. Igualmente claro fue el rostro de los señores del dinero que se sintieron brutalmente ofendidos.

También me queda claro que existe una perversidad en la actual idea de Europa: la soberanía de la política monetaria está en Bruselas, que respeta la soberanía de los países pero dicta implacablemente cómo deben entender ser soberanos los países de una Europa “unida”, si no quieren debacle bancaria y corralitos. Bruselas se evita la molestia de enfrentar responsabilidades ante la polis. Y lo que hizo Tsipras fue muy molesto: convocar a la polis para que ejerciera su soberanía y decidiera frente a Bruselas.

Si hoy se cobran a la mala la “ofensa” que supuso la alegría del pueblo en la plaza Syntagma al decir sí a Europa pero No a la codicia de los banqueros, la idea de una Europa unida está herida de muerte, en un caos que recuerda los años de entreguerras.

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