20 de Octubre de 2018

Opinión

La superestructura de la personalidad

El buen trato es la firmeza, el equilibrio, que se traduce en el señorío de la persona para no caer en exabruptos y reacciones emocionales.

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Un interés sincero, honesto y verdadero hacia el otro es lo que motiva las buenas maneras.- Anónimo

Las buenas maneras son la superestructura de nuestra personalidad. Estas dan un refinamiento, un color y una elegancia especial a la persona. Son conductas que mejoran y conservan las buenas relaciones sociales. Estas buenas maneras varían de generación en generación, de país a país y por ende de cultura a cultura. 

Se han escrito muchos tratados al respecto; sin embargo, a mi parecer, la regla básica para ese encanto social es “un sincero interés por los demás”. Puede suceder que el lenguaje de la persona no sea tan florido como el de un ilustre orador o sus modales no tengan la elegancia de un diplomático, ni su vestir sea de última moda, pero lo vital y precioso es el respeto y la recta intención en el trato con las personas. 

Intentar seriamente conocer a fondo la naturaleza humana, con sus fortalezas, aspiraciones, su valía y su grandeza, da como resultado un trato cortés y amable con quienes nos relacionamos. Un factor muy importante para lograr el buen trato es la firmeza, el equilibrio, que se traduce en el señorío de la persona para no caer en exabruptos y reacciones emocionales, ya sea en un intercambio de opiniones o en una charla. 

Hay que estar atentos a no acaparar la plática con anécdotas interminables. Procurar que al desplazarnos de un lugar a otro sea calmadamente. Al hablar, no atropellarnos por la prisa e intentar, con naturalidad, una mejor dicción. Hacer una pausa corta antes de responder a una pregunta o una observación; medir las palabras de lo que vamos a decir y no levantar la voz ponderando el volumen y la cadencia de la misma. La norma de oro: “Escuchar con atención y sin prejuzgar”. 

Para hablar, evidentemente, hay que ¡tener algo que decir!. A quien lee, escucha y observa nunca le faltará material para sostener una conversación interesante y agradable. Se puede evitar la monotonía modulando la voz, cuidando sus inflexiones para que reflejen la emoción que corresponda a lo que hablamos. Igualmente, no se puede negar la importancia en el arreglo personal. No se debe descuidar el porte y parecer desaliñado, no sólo por la impresión positiva en los demás sino por el efecto en uno mismo y por consiguiente en nuestra personalidad.  Podemos ser agradables y así ¡todos ganamos!  

¡Ánimo! Hay que aprender a vivir.

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