22 de Octubre de 2018

Opinión

Teatro en el Festival de la Ciudad

En Mérida se hace buen teatro y el mes de enero resulta especialmente rico a causa de los festejos de la fundación de la ciudad.

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La vida teatral en Mérida es comparativamente más rica que en otras ciudades de la República con un número de habitantes similar. Sin embargo, está aún lejana una asistencia satisfactoria de público. Lo he comentado en este espacio y se escucha en cualquier lugar del mundo: hoy la lucha del teatro es por crear públicos para un espectáculo que no atrae a una juventud acostumbrada a cine, televisión, video e internet (con las posibilidades que éste va abriendo).

Pero, a pesar de la pérdida global de públicos, en Mérida se hace buen teatro y el mes de enero resulta especialmente rico a causa del Festival de la Ciudad. El hecho de que en esta edición las obras se presentaran en dos o tres funciones en lugar de sólo una, como había ocurrido en los años anteriores, permitió a los interesados no perderse alguna por asistir a otra.

Se continuó con una gratuidad en las entradas que ha sido discutida con buenas razones desde diversos ángulos. Yo la defiendo porque creo que el teatro se contagia y debe atraerse a un público que, en principio, no pagaría por verlo pero que volverá una vez inoculado el virus creativo.

Hubo ofertas en todos los géneros. Basta recordar que lo teatral, en el Festival, fue abierto por Cuxum y su Compañía de Teatro Regional para continuar, al día siguiente, el maestro Fernando Muñoz y sus Encuentros hollywoodenses.

Hubo en el Festival producciones ya estrenadas de grupos con probada calidad como “La Farándula” de Nancy Roche, “La Rendija” de Raquel Araujo, “Murmurante Teatro” de Ariadna Medina y Juan de Dios Rath o “Teatro del Sueño” de Francisco Solís, entre otros.

También se estrenaron, entre otras obras, Asesinado por el cielo, que continúa el fecundo magisterio de Paco Marín sobre textos de Lorca, y un exigente trabajo de Alejandra Argoytia de Foto de señoritas de Arístides Vargas, con Ligia Barahona, entre otros actores.

Hubo también dos visitas de lujo: la Compañía Nacional de Teatro con Cartas de amor a Stalin, encabezada por Luis Rábago, y la formidable Compañía Teatral del Norte, bajo la dirección de Sergio Galindo con dos obras suyas: El último vaquero y Alonso del Saguaral. De Sonora a Yucatán pasando por el Kremlin.

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