19 de Septiembre de 2018

Opinión

Teatro de la exclusión

Hay una falsa percepción de que el teatro no es para leerse, porque se vuelve arte solamente cuando llega al escenario.

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La exclusión como leitmotiv en tres geografías sólo unidas por el idioma. Sin otra exigencia que la brevedad, entendida de diversas maneras según los autores. Y dieciocho obras de diecinueve dramaturgos. Siete, seis y seis: argentinos, españoles, mexicanos, de diversas edades, estéticas y compromisos con el hecho escénico. 

El resultado es un hecho político no sólo porque el motivo que convoca sean los excluidos sino porque, en palabras de Jorge Dubati, es “un programa poético-político de trabajo en conjunto, felizmente concretado”, el cual “demuestra que la dramaturgia –y por extensión, el arte- puede ser la utopía realizada de una nueva Internacional del acuerdo y de la diferencia”.

El hecho de que los compiladores nos manden a Google para averiguar las bio-bibliografías de los diecinueve autores, con “dialécticas distintas” nos explican, habla mucho de las modernas redes no sólo entre dramaturgos sino entre los escenarios actuales de todos los países de habla española. Más aún, la exigencia de redes internacionales se prueba porque el prólogo del libro se debe precisamente a Jorge Dubati, voz señera –en el sentido de bandera y guía- de las teorías dramáticas y aun de las dramaturgias contemporáneas en nuestra lengua.

Vayan los nombres, para abrir apetito entre los lectores y para iniciar el googleo correspondiente. De Argentina: Susana Gutiérrez Posse, Jorge Huertas, Lucía Laragione, Héctor Levy-Daniel, Susana Torres Molina y Malena y Víctor Winer; de España: Antonio Alamo, Guillermo Heras, Alejandro Jornet, Juan Mayorga, Itziar Pascual y Eduardo Quiles; de México: Édgar Chías, Felipe Galván, Estela Leñero, Enrique Mijares, Luis Mario Moncada y Carmina Narro.

Hay una falsa percepción de que el teatro no es para leerse, porque se vuelve arte solamente cuando llega al escenario. Y es verdad que el dramaturgo escribe pensando en el montaje, al menos el buen dramaturgo, pero no lo es menos que esa parte del teatro que se mantiene en el estadio anterior a la puesta en escena es literatura por derecho propio y no sólo espera sino que merece ser leída.

En un ejercicio como el que ha llevado a Felipe Galván y a Jorge Huertas a la edición del libro “Exclusión” es objetivo central, si no el reunir 18 obras que, sin dejar de pensar en su montaje, se ofrecen para ser leídas no tendría sentido.

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