18 de Septiembre de 2018

Opinión

Técnica maya con ingenio moderno

De alguna manera recreamos la forma de trabajo prehispánico así como las técnicas de construcción.

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Hace unos días restauramos uno de los extremos del Juego de Pelota de Chichén Itzá, labor que implicaba el trabajo fino del albañil, ya que era necesario colocar a detalle cada uno de los elementos que forman parte de la decoración del edificio. 

Se trata del extremo poniente del Edificio Poniente del Juego de Pelota, que consiste en una amplia escalinata rematada con una serpiente de cascabel, que se desplaza hacia arriba y al llegar a la parte superior  consiste en una cabeza con un peso superior a una tonelada, y da la impresión que la serpiente voltea la cabeza para mirar hacia atrás. 

Esta serpiente tiene cuerpo redondo y una cola de plumas que se abre como en abanico. Toda la parte posterior del cuerpo se encuentra decorada con un diseño en bajorrelieve y con representaciones de plumas y cerca de la cabeza el diseño cambia a líneas horizontales como si fuera el pecho que se expone al voltear la cabeza la serpiente hacia atrás.

Uno de nuestros expertos albañiles, conocido como “el Burro”, tuvo la delicada tarea de ensamblar las piezas hasta lograr la unidad de la representación de la serpiente. Pero la tarea más difícil fue la de regresar a su lugar -a 12 metros de altura- la cabeza esculpida en una sola pieza y con peso superior a la tonelada. Aquí entra la amplia experiencia del cabo o jefe de cuadrilla William Mena Sosa, “el Cóndor”. 

Tras  discutir los pros y los contras de varias posibles soluciones –algunas, más fáciles, necesitan equipo que queda fuera de nuestro alcance por sus altos costos y porque implican mayor tiempo– se toma la decisión de emplear la técnica prehispánica con ayuda de fuerza motriz. 

Se armó una base de madera que se colocó sobre la escalinata previamente restaurada. En la parte superior se pusieron  dos tripiés de madera con gruesas maderas dispuestas horizontalmente. 

Luego se amarró la cabeza con una soga gruesa y del lado posterior de la escalinata se ató a un volquete la cuerda larga para jalar la cabeza. La rampa de madera se empapó con agua y jabón. A la cuerda se le aplicó jabón para que se deslice sobre la madera. Así, en cuestión de minutos, la pesada cabeza de serpiente regresó nuevamente a su lugar original.

Este proceso de trabajo lo comentamos porque es algo que los visitantes no ven. De alguna manera recreamos la forma de trabajo prehispánico así como las técnicas de construcción, también hacemos lo mismo con las mezclas, ya que igualamos a las que fueron empleadas durante la construcción de los monumentos.

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