18 de Septiembre de 2018

Opinión

Temporada de culpables

PAN y PRD siguen concentrados en la dolorosa tarea de repartir culpas, exigir que rueden cabezas, someter a traidores y leer la cartilla para que todo mundo lo sepa...

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PAN y PRD siguen concentrados en la dolorosa tarea de repartir culpas, exigir que rueden cabezas, someter a traidores y leer la cartilla para que todo mundo lo sepa, pero la falta de unidad es su mayor punto débil, sumado a su inminente desalojo de cinco Ayuntamientos recuperados cómodamente por el gobernador Roberto Borge.

Responsabilizar al dirigente estatal panista Eduardo Martínez Arcila de la catástrofe de su partido es errar en el blanco, ya que el verdadero poder en ese partido lo ostenta Alicia Ricalde Magaña, quien no es santo de la devoción de muchos panistas con cierta presencia.

Cierto: Martínez Arcila metió la pata y generó brotes de inconformidad en la militancia de primera línea –veto y reemplazo de candidatos, por ejemplo –,  pero su poder ha sido condicionado por el peso de Doña Alicia Ricalde, humillada en el reciente proceso al ser derrotada como candidata a la alcaldía de Isla Mujeres, finalmente recuperada por el PRI.

La unidad está ausente en las filas del PAN, y este es el principal cuadro de neumonía que aqueja a ese partido que perdió la brújula por el simple hecho de ir tomado de la mano con el PRD, en una relación no muy aceptada por sus respectivas familias, mucho menos por una sociedad que no digiere ese tipo de estrategias encaminadas a doblegar al colmilludo PRI.

Las cuentas de Martínez Arcila son malísimas, ya que el PRI perdió el 50 por ciento de sus regidurías, además de haber sido desalojado de alcaldías, aunque a nivel de diputaciones se mantuvo a flote, con posibilidades de sumar otra plurinominal.

En cuanto al PRD, sus mandos apaleados permanecen atrincherados en Cancún, y es muy improbable que asuma la dirigencia un chetumaleño como Carlos Vázquez Hidalgo, independientemente de su capacidad y solvencia moral.

El PRD debe modificar su estrategia o asumir una en todo caso, fortaleciendo su presencia en los 10 municipios, sobre todo ahora que ya no cuentan con Cancún.

Julio César Lara Martínez es culpable por ser el dirigente, pero el mariscal de campo fue el alcalde de Cancún, Julián Ricalde Magaña. Pero por acción u omisión el dirigente formal ha sido colocado contra las cuerdas, enfrentando una ofensiva de irritados correligionarios que exigen su cabeza, con argumentos de sobra.

                                      “¿Tú también, Luis?”

Además de la iniciativa que presentó el diputado Manuel Aguilar Ortega para colocar en letras doradas en el recinto legislativo el nombre de Porfirio Díaz, un grupo de chetumaleños impulsa la propuesta para incluir al polémico ex presidente Luis Echeverría Alvarez, involucrado en la matanza estudiantil del 2 de octubre de 1968 y en la matanza del Jueves de Corpus, ocurrida el 10 de junio de 1971.

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