18 de Octubre de 2018

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Desconfiar es una forma de hacer nuestro trabajo como periodistas: dudar de todo y creer en nada, hasta que por sus medios compruebe el hecho que encuentra o le quieren vender. Sin embargo, el tiempo para verificar es ya tan corto, que enfrentamos el riesgo de no hacer correctamente el coteje de datos, o quedar como un “desinteresado” ante la inmediatez que requiere el público digital.

Un hecho de importancia capital, como fue el anuncio de la abdicación del rey Juan Carlos, no podía pasar de largo en las redes sociales, situación que también demostró el grado, si no de ignorancia, sí de desconfianza que algunos periodistas tienen aún por internet. 

En la televisión española y alguno que otro programa de opinión en México, la renuncia del monarca provocó sinfín de situaciones de análisis y uno de éstos fue la reacción de la gente en Twitter. Los hashtags como #aporlatercerarepublica o #felipevi poblaron el “timeline” y las búsquedas, mostrando dos escenarios interesantes: la postura social y la posición periodística. 

La comunidad aprovechó el hito histórico para manifestar en la red social lo que consideran necesario para mejorar su país: pedían referéndum, cambio de sistema; otros, la continuidad de la Monarquía gracias a los servicios que presta para la imparcialidad de la democracia parlamentaria. Estas posturas no fueron equitativas en Twitter, pues eran mucho más copiosos los resultados en los “trend topics” republicanos que los monárquicos, punto que logró engañar a más de un periodista español y mexicano al confundir el poder de una tendencia en la red social, con el sentir popular por la abdicación. 

Cierto que las manifestaciones a favor de la República se organizaron desde la red, usadas principalmente por jóvenes, que fueron dominadas por la postura antimonárquica, en  comparación con la discreción monárquica. Ante este punto, los periodistas en nuestro país erraron en la medición de los hechos por la “simpleza” con que manejan los datos provenientes de la red. Tratando de mostrarse expertos, consultaban búsquedas de Twitter frente a las cámaras para externar opiniones que a todas luces carecían del rigor profesional esperado, causando que la audiencia poco versada en las redes sociales, diera por hecho que el par de “tweets” mencionados representaban “el sentir de la gente en internet”.
 
Un periodista, a estas alturas, debe andar con cautela en las redes sociales, pues en aras de la libertad, cualquiera puede decirse y parecer experto en un tema, lanzar “tweets” que dentro del contexto, aparentan veracidad y lógica, cuando realmente son obra del prejuicio y la oportunidad. Acá es donde el “olfato” periodístico debe relucir, saber qué se va a encontrar antes siquiera de conocer qué buscar, para evitar el –siempre posible- engaño de una tendencia en Twitter.

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