25 de Septiembre de 2018

Opinión

¿Tener dinero o ser feliz?

Un dato interesante es que en los países prósperos se ha incrementado las depresiones, las angustias y los suicidios.

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Empieza el 2014 y podríamos cuestionamos ¿queremos tener dinero o ser felices? Tal vez encontraremos la respuesta al entender que el dinero no da la felicidad. Se ha visto que el afán por éste produce un efecto contrario: ¡nos hace infelices! Entonces equilibrar la relación entre ambos va aumentar nuestra satisfacción en esta vida.

Un dato interesante es que en los países prósperos se ha incrementado las depresiones, las angustias y los suicidios. Estas patologías ocupan el segundo lugar en las enfermedades devastadoras en actualidad, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Así pues, en Alemania, Estados Unidos y Gran Bretaña la prosperidad ha ido en aumento, pero ha crecido también la insatisfacción por la vida. En Alemania reportan un 30% de insatisfacción, depresiones y trastornos siquiátricos.

Todo lo anterior se explica porque nos hemos vuelto adictos al dinero. Es un afán en tener cada día más riqueza, y creemos que esta riqueza se puede comparar con la felicidad.

Hay que entender que el dinero no puede comprar la felicidad, pero, en ciertas circunstancias puede hacer que nos sintamos algo más satisfechos. La diferencia entra la felicidad y la satisfacción consiste en que la felicidad es una emoción, aparece sin pensar, ante determinados estímulos. La satisfacción es algo más complejo, es un juicio que elaboramos asociado a nuestros sentimientos.

Nuestro cerebro está programado para recordar las experiencias negativas, antes que las positivas. Es una cuestión de supervivencia. Ante estímulos agradables y desagradables de la misma intensidad, los malos se recordarán mejor.

La satisfacción no se basa en el hecho de ser rico, sino en ser más rico que los demás. Por eso, en los países industrializados la gente no se siente más satisfecha, no digamos más feliz, cuando crece la economía nacional.

La búsqueda del dinero tiene un precio, un precio muy alto que pagamos al pasar horas interminables en la oficina, por ejemplo, nos obligamos a hacer cosas que no son en absoluto prioritarias para nosotros, ni positivas.

La sicología moderna nos enseña que una persona se siente más satisfecha cuando más rica es, en comparación con sus iguales. No obstante, el efecto disminuye progresivamente cuanto más dinero se tiene. La satisfacción no se basa en el hecho de ser rico, sino en ser más rico que los demás.

En definitiva, el afán por el dinero es tóxico, nos hace olvidar el verdadero sentido de la vida. Así, el filósofo griego Epicúreo lo dijo en la forma clara: “¿Quieres ser rico?, pues no te afanes en aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia”.

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