22 de Septiembre de 2018

Opinión

Tiburón Ballena, el costo de engañar al turismo

Las últimas dos semanas, he estado colaborando en la capacitación a prestadores de servicios de Tiburón Ballena en diferentes destinos de Quintana Roo; uno de los aprendizajes más importantes que me he llevado de estas sesiones de capacitación, es que la comunicación que hacemos acerca de la actividad del Tiburón Ballena no se hace de forma adecuada...

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Las últimas dos semanas, he estado colaborando en la capacitación a prestadores de servicios de Tiburón Ballena en diferentes destinos de Quintana Roo; uno de los aprendizajes más importantes que me he llevado de estas sesiones de capacitación, es que la comunicación que hacemos acerca de la actividad del Tiburón Ballena no se hace de forma adecuada, y esto está generando una presión enorme no solo a la especie, sino a las personas locales que se dedican a gestionar la actividad.

Imaginemos que un turista quiere venir a Quintana Roo a realizar el nado con el Tiburón Ballena; lo primero que va a encontrar en internet, ya sea en portales oficiales o no oficiales es una serie de promocionales acerca de la belleza de la especie, y las actividades que se pueden realizar con él. He visto en un par de ocasiones fotografías impresionantes del Tiburón Ballena rodeados por un par de buzos que están sacándole fotografías; también he visto materiales de promoción de turistas que nadan con la especie sin chalecos. Ojo, porque la comunicación que hacemos genera siempre una expectativa por parte del turista, que muchas veces no podemos cumplir cuando llega al sitio, porque a veces promovemos actividades que POR REGLA no pueden hacerse. Esto no solo genera insatisfacción en el turista, sino problemas a los operadores de la actividad, porque tienen que explicar al turista que eso que vio en el promocional, no lo podrá hacer.

Cuando llega al destino, diversos vendedores les explican acerca de la actividad, la belleza de la especie y de las actividades que se van a realizar; después de unos días con los operadores locales, me he dado cuenta que hay vendedores que ofrecen la actividad que NUNCA la han hecho, y lo peor, que ofrecen cosas que también, por regla, no pueden hacerse. ¿Se imaginan lo que pasa cuando alguien vende algo que no conoce? Si, se generan muchos errores y en muchas ocasiones se le promete al turista cosas que no deberían prometerse. La más común, GARANTIZAR el nado con el Tiburón Ballena. Quienes trabajamos con especies silvestres, sabemos que, dado que los animales no están en cautiverio, no podemos garantizar que los observemos, ni que haya interacción con ellos, porque eso no depende de nosotros, sino de una serie de condiciones que están fuera de nuestro control, y generalmente, con tal de vender, las empresas no lo comunican. He escuchado cosas tan ridículas como que se garantiza no solo el nado, sino el avistamiento de especies como mantas, tortugas, delfines, peces voladores, etc, como si los tuviéramos en una jaula y los tuviéramos que ver si o si.

Y por último, estamos “usando” a una especie como ancla y como una promesa de venta, cuando lo que deberíamos estar haciendo es vender la experiencia de buscarlo, vender la experiencia de salir a mar abierto a observar una serie de otros atractivos, vender la experiencia de interacción con vida silvestre. La observación y/o nado con el Tiburón Ballena no es una experiencia sencilla, ni para todo público, y eso tampoco lo estamos informando al turista, que puede llevarse verdaderos fiascos al realizar la actividad, en detrimento no solo de la empresa que vende o del operador, sino de los destinos en su conjunto.

En estas últimas semanas, he reflexionado tres temas muy importantes no solo en el caso del tiburón ballena, sino que pueden aplicarse a cualquier actividad de turismo y biodiversidad:

Uno: no estamos valorando suficiente el recurso. Tenemos casos de biodiversidad extraordinarios que estamos metiendo a la misma bolsa que todas las demás actividades en nuestros destinos; y perdón, pero definitivamente no es lo mismo ir a buscar una especie impresionante como el tiburón ballena, o visitar un Área Protegida, que ir a un espacio creado por el hombre.

Dos: la mala promoción y comunicación genera mucha presión tanto a la especie como a quien realiza la actividad. Garantizar una actividad de vida silvestre es definitivamente un error, y cuando se hace quien paga los platos rotos es el operador, quien lleva a turista y tiene que aguantar la insatisfacción generada por quien vendió el servicio.

Tres: no debemos vender lo que no conocemos. Señores de empresas, agencias, instancias de promoción y en especial, vendedores, tomen un tiempo para ir a hacer la actividad, conocerla a fondo, identificar lo que implica, conocer de cerca a sus operadores y, sobre todo CONOCER LAS REGLAS. De lo contrario, ustedes mismos están generando insatisfacción al comunicar inadecuadamente. Entre más informados estén, mejor sabrán vender.

Al final, el turista que va a hacer la actividad, en lugar de sentirse privilegiado por tener una gran experiencia, se siente engañado, se va molesto, se va decepcionado y eso tiene un costo alto no solo para las empresas, sino para todo el destino.

Y bueno, estas situaciones son multifactoriales, hay otros temas como permisos, requisitos y demás, que hacen que la interacción con vida silvestre se realice bien o mal, pero esa es otra historia de la cuál hablaré en otra ocasión.

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