24 de Septiembre de 2018

Opinión

Tiempo de resucitar

No existe una sola vida humana que no haya sido marcada por el dolor, pero el sufrimiento, la enfermedad, la muerte, la soledad son estaciones en el camino de la vida.

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Esta semana todo el mundo cristiano conmemora la muerte y celebra la resurrección de Jesucristo, dos acontecimientos completamente distintos pero cuya ubicación en el tiempo los une. Es interesante cómo los seres humanos en estas dos caras de la moneda -muerte y resurrección- acaban fijando su mirada en alguna de ambas, pareciera ser que así como se ve el mundo se observa la muerte y resurrección de Jesucristo; indudablemente uno no ve el mundo como es, sino que lo ve de acuerdo como uno es, de ahí que nuestras visiones de la Semana Santa están marcadas por nuestra visión del mundo.

Entre los propios cristianos cada uno ve lo que desea ver en estos días; muy distintas visiones son las que tiene Mel Gibson y su muy comentado filme de hace unos años, “La pasión de Cristo”, en el que hace hincapié en el sufrimiento, el dolor y la muerte y después de una muy extensa exposición de todos estos horrores dedica apenas una sola toma mucho más que discreta y casi de manera obligada al hecho de la resurrección, mientras que un santo católico como lo es San Pablo, sin negar el gran acontecimiento de la pasión, decide fijar sus ojos en algo aún más importante: la resurrección gloriosa de Jesucristo y declara enfáticamente: “Si Cristo no hubiera resucitado vana sería nuestra fe”.

¿Qué es lo que la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo dicen a los seres humanos de hoy? Todo depende de cuál es nuestra visión del hecho: ¿compartimos la mirada de Mel Gibson o la de San Pablo? Y es que parecerá poca cosa, pero indudablemente nuestra visión marcará el mundo y nuestra forma de vida. ¿Viviremos centrados en el sufrimiento, dolor y muerte?, ¿o decidiremos permitirnos resucitar ante esto y todo lo que venga en nuestra vida?

No existe una sola vida humana que no haya sido marcada por el dolor, pero el sufrimiento, la enfermedad, la muerte, la soledad son estaciones en el camino de la vida, sólo será decisión nuestra convertirlas en el destino final. Somos nosotros mismos los que decidimos quedarnos en alguna de estas estaciones en lugar de llegar a la resurrección y al triunfo del ser humano sobre estas desdichas.

Sentimos la caricia de la muerte en la carne de un hermano, padre o peor aún uno de nuestros hijos, pero sólo nosotros somos los que decidimos que la muerte nos arrebate la vida que nos queda después de habernos arrebatado la de alguien a quien amamos, somos nosotros los que decidimos rendirnos ante ella cuando todavía respiramos; acabamos decidiendo vivir como desearía que lo hagamos quien se nos ha adelantado en el camino o nos rendimos y terminamos existiendo pero ya sin vivir.

La opción es simple: ¿queremos dedicarnos a vivir o dedicarnos a morir?

Todos nosotros hemos vivido la pérdida de un trabajo, el trágico final de un matrimonio, el látigo de la enfermedad en nuestra carne, el profundo dolor de un desengaño amoroso, el cruel suplicio del abandono y la soledad, la traición de un amigo y todos hemos tenido que tomar una actitud ante lo que la vida nos ha traído; hemos tenido que decidir si como Jesucristo pasamos por el dolor y la muerte para resucitar en plenitud de nuevo a la vida o quedarnos atascados en la estación del dolor. 

La vida nos prodiga momentos dichosos, alegres y esperanzados que nos han de servir como impulso para ir por más vida, por más alegría, esperanza y fe, pero no será sencillo; ser feliz requiere mucho trabajo, esfuerzo y determinación, ser feliz no es para espíritus azucarados y dulzones, sino para seres humanos decididos a sobreponerse a lo que venga con tal de permanecer exultantemente vivos, gloriosamente vivos; aun Jesucristo orando en el huerto de Getsemaní sudó sangre, un fenómeno llamado hematohidrosis, provocado por la tensión y angustia de saber lo que le esperaba, sin embargo eso no lo detuvo para vivir lo que había decidido  vivir, ni le impidió resucitar en plenitud de gloria.

Si Dios se encarnó en Jesucristo para garantizarnos la salvación, también lo hizo para mostrarnos cómo se ha de vivir la vida; es decisión de cada ser humano creyente o no creyente decidir cómo desea afrontar la vida. Jesucristo en esta Semana Santa le habla a todos los hombres y cada uno de nosotros ha de tomar su propia decisión, como señala la Biblia: “El que tenga oídos que oiga y el que tenga ojos que vea”. Que todos y cada uno de nosotros decidamos resucitar pese a todas las pruebas de la vida. ¡Felices Pascuas de resurrección a todos!

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