15 de Octubre de 2018

Opinión

¿Tienes en tu matrimonio un espacio personal?

Cuando dos personas construyen sus espacios personales es mucho más fácil que logren un equilibrio que facilite un encuentro nutritivo y saludable.

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Cuando nos enamoramos deseamos estar en un estado de fusión casi permanente con la persona amada, pero para que la relación sea equilibrada y saludable necesitamos tener “nuestro espacio personal” en el que nos sintamos realizados. Sólo así las relaciones de pareja serán efectivas y duraderas, fuertes y gratificantes.

Hay que procurar en la relación de pareja tener un espacio personal. Esto implica el concepto de libertad, de individualidad, de autoresponsabilidad con nuestra propia vida. 

Es aquello que experimentamos en nuestro interior, nuestros sentimientos, pensamientos, ilusiones, fantasías, proyectos, intereses, temores, preferencias, inseguridades y decisiones, entre otros.

Existe el triste testimonio de una esposa, que no se había dado cuenta que durante años estuvo tan volcada en su pareja que, poco a poco, había ido perdiendo su espacio personal. 

Él establecía las reglas y ella las aceptaba, actuando siempre como su esposo quería. Todo parecía que iba bien, hasta que un día abrió los ojos y se dio cuenta que no tenía vida propia ni un espacio donde realizarse. 
La situación empeoró y decidió divorciarse. 

En el momento de la ruptura no sabía quién era, ni qué quería hacer con su vida, pero con el tiempo se propuso objetivos claros y logro su individualidad, sólo así salió adelante. 

En la medida que hayamos construido previamente nuestro espacio personal y nuestra identidad, podremos establecer relaciones afectivas más equilibrados y saludables. 

Las personas nos enriquecemos y crecemos en nuestro espacio personal y eso es algo que también aportamos a la pareja.

Los roles tradicionales asignados a las mujeres están relacionados con la entrega, la complacencia, la abnegación, la pasividad, vivir para otros y tener en cuenta el bienestar de los demás antes que el propio. 
Este tipo de mentalidad facilita el sometimiento y la falta de espacio personal propio, con la consecuente insatisfacción vital y baja de autoestima.

El ser conscientes de las necesidades de cada uno nos ayuda a renovar la vitalidad y la ilusión. Esto conlleva el respeto de la individualidad y la identidad personal, así como una comprensión real del concepto de libertad. 

Asimismo, tienen que haber momentos compartidos para poder mantener la pareja viva y unida. Las palabras del poeta Khalil Gibrán dicen: “Amaos el uno al otro, pero no hagan del amor una atadura, que sea más bien un mar movible entre las orillas de vuestras almas. Ni el roble crece bajo la sombra del ciprés, ni el ciprés bajo la del roble”.

Cuando dos personas tienen construidos sus espacios personales es mucho más fácil que logren un equilibrio que facilite un encuentro nutritivo y saludable. 

Es entonces cuando se hacen realidad las palabras de la psicoterapeuta Virginia Satir: “Quiero amarte sin absorberte, apreciarte sin juzgarte, unirme a ti sin esclavizarte, visitarte sin exigirte, dejarte sin sentirme culpable, criticarte sin herirte y ayudarte sin menospreciarte. Si puedes hacer lo mismo por mi, entonces nos habremos conocido verdaderamente y podremos beneficiarnos mutuamente.”

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