16 de Diciembre de 2017

Opinión

Tirios y troyanos

En este tiempo se pasó del conflicto a cierto encauzamiento político. Los partidos remontan la coyuntura electoral, ocupándose más de lo que sigue. El PRI a gobernar. El PAN, aparentemente, a reconstruirse.

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En unos días tomará posesión Enrique Peña Nieto, después del larguísimo período que va de las elecciones al cambio. Para muchos, este tiempo ha permitido procesar los conflictos postelectorales, mientras que para otros favorece su prolongación. Como sea, ha dado oportunidad de que se cumplan los plazos legales y las partes ejerzan los recursos de apelación que la ley les otorga, pero no deja de ser una muestra de que no hemos logrado entrar a una normalidad democrática en la que los resultados se reconozcan rápido y los cambios de estafeta se den en un marco institucional de decoroso respeto.

No obstante, el cambio de mando se dará con un acuerdo básico de las fracciones parlamentarias y aunque no repone del todo el acto austero que debió ser siempre -pues no habrá discursos-, es un avance. Aun así, subsiste la posibilidad de desfiguros, si no por parte de los mandatarios entrante y saliente, sí, al menos, por parte de algunos animosos.

En este tiempo se pasó del conflicto a cierto encauzamiento político. Los partidos remontan la coyuntura electoral, ocupándose más de lo que sigue. El PRI a gobernar. El PAN, aparentemente, a reconstruirse. Y la izquierda a  generar un espacio más institucional para sus diferentes corrientes, más allá de la convergencia electoral tumultuaria; López Obrador constituye su propio partido y el PRD se redefine, cumpliendo con aquella ley física que por lo general conviene acatar, de que dos cuerpos no pueden ocupar un mismo lugar en el espacio.

Nuevos lugares comunes se difunden como consignas para futuros combates. Así, se promueve la duda sobre el gobierno que entra: “Es el mismo PRI, pero México ya no es el mismo”, deslizando la idea de que se volverá a viejas prácticas hace mucho superadas y sin entrar en el análisis de los compromisos y propuestas del nuevo gobierno. Paradójicamente, el gobierno que sale se identifica al revés, incluso por algunos de sus propios partidarios que dicen: “El PAN ya no es el mismo, se alejó de sus principios”. La izquierda recibe doble dosis; o dicen “es la misma, sectaria y  contestaria” o “no es la misma, es más democrática, constructiva y plural”.

En un proceso inédito, la administración saliente y el presidente electo con su equipo trabajan en la transición, recibiendo la información de las complejas tareas que integran la administración pública federal e identificando áreas críticas.

Ya hubo acuerdos parlamentarios importantes, con todo y controversias, como en el caso de la reforma laboral, y puede  tenerse la esperanza de que se continúe pavimentando el camino de los acuerdos que tanto necesita el país para avanzar.

No parece mucho pero es importante, como para pensar que algún día podremos recitar a Virgilio, en boca de la reina Dido: “La ciudad que estoy levantando vuestra es; varad vuestras naves; ninguna distinción habré de hacer entre tirio y troyano”.

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