20 de Septiembre de 2018

Opinión

Tocando fondo

Los aproximadamente 3 millones 300 mil habitantes que tiene Tamaulipas hoy no pueden llevar una vida normal sin tener miedo.

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La semana pasada fue noticia nacional el asesinato de un líder sindical en Tamaulipas. Tal vez esto sólo representa un número más para las autoridades, se trató de un hombre que se suma a los miles de muertos y desaparecidos que hay en el estado norteño desde que la violencia se recrudeció.

Esta persona murió de seis balazos en las puertas de su casa, y para mi sorpresa al leer la nota me di cuenta de que fue vecino de mi familia durante muchos años.  De las calles de esa colonia tengo muchas memorias de mi infancia. Ahí crecí jugando con mis primos y vecinos. Eramos niños felices en un barrio de provincia tranquilo y seguro.  Así era la capital de Tamaulipas, una ciudad amable, como muchas otras que componen la geografía de México.

Hoy día, la gente allá piensa dos veces antes de salir a la calle, ir al supermercado, estrenar un coche o viajar por carretera. Irse de fiesta en las noches no es una posibilidad. El olor a pólvora es lo cotidiano en muchas ciudades del noreste.

¿Dónde quedó la grandeza del estado fronterizo que tiene dos puertos, cinco aeropuertos internacionales y 17 pasos fronterizos con Estados Unidos? Los aproximadamente 3 millones 300 mil habitantes que tiene Tamaulipas hoy no pueden llevar una vida normal sin tener miedo.

Lo que las autoridades han hecho en materia de seguridad ha sido un trabajo pésimo. Muy a diferencia de lo que vemos en Yucatán, donde la seguridad es prioritaria y es un logro de autoridades y ciudadanos. 

Aunque no son comparaciones de igual magnitud, no puedo dejar de pensar en algunos momentos de la historia en los que se ha tocado fondo antes de reconstruirse y volver a ser grandes. En Europa, la Segunda Guerra Mundial fue mucho más destructiva que la primera. Al final de la contienda, los países se encontraban devastados y muy cerca de la miseria. Durante su reconstrucción, se dieron cuenta de que el camino era ponerse de acuerdo y unirse. Así resurgieron  grandes potencias, hoy son países unidos como una gran comunidad. 

Hace tiempo empecé a creer que el estado le dejó de importar a las autoridades. Todo es como una gran simulación. Mientras tanto, Tamaulipas ya tocó fondo. 

La gente se merece volver a vivir en paz.  En unos días se celebran elecciones para gobernador. Es bola cantada que el PRI no va a conservar el poder que durante décadas ha tenido. El hartazgo de la gente y su voto de castigo harán posible que la alternancia llegue a  Tamaulipas y, con ello, la esperanza de un futuro mejor para los tamaulipecos.

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