17 de Julio de 2018

Opinión

Todas las oportunidades

Conforme pasan los años nos vamos concientizando de que nuestro tiempo se va volviendo más valioso, porque cada día es más escaso.

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Los seres humanos tendemos a creer que nuestro tiempo en este mundo tiene una cuota asignada, así nos imaginamos que la vida de cada uno transcurrirá a través de un proceso lógico y además estandarizado, empezará por los años de la infancia, para seguirle una cuota de adolescencia, en el mejor de los casos una relativamente extensa etapa de escuela, incorporarnos a la vida laboral y en ese camino encontrar a nuestra pareja, formar una familia y tener hijos, para en el camino ir adentrándonos en una muy extensa etapa adulta consumiendo en ella la mayor parte de nuestro tiempo en este mundo.

Aunque la vida de millones y millones de personas en el mundo parece confirmar que así será nuestro camino, es importante que caigamos en cuenta de que la generalidad no es una ley, es simplemente una mayoría y por ello no asegura que lo que nosotros esperamos con respecto a nuestro tiempo de vida será tal como lo pensamos; hay personas que sin duda vivirán muchos más años de lo que lo hará el promedio, de la misma manera habrán seres humanos que verán, por desgracia, terminado su tiempo entre nosotros con mucha más anterioridad de lo esperado.

En este proceso los adultos llegamos a creer que conocemos el tiempo que nos queda. Independientemente de que nuestros cálculos sean acertados o no, una actitud común es que al calcular algunos de nosotros que ya hemos rebasado la mitad de nuestra vida, la visión de lo que hacemos y cómo lo hacemos cambie y nos vayamos volviendo poco a poco más reflexivos acerca de las oportunidades que la vida nos brinda; conforme pasan los años nos vamos concientizando de que nuestro tiempo se va volviendo más valioso, porque cada día es más escaso; esto tiene un profundo efecto en nuestra vida, por supuesto en el caso de que así lo percibamos, ya que existen quienes continúan toda su vida avanzando irreflexivamente a través de todas sus horas.

Como todo bien que escasea, nuestro tiempo comienza a ser más apreciado y valioso por nosotros mismos y deseamos invertirlo cada día más en vivir una vida que nos sea más satisfactoria, en ser más felices, estar más tiempo cerca de todos aquellos a quienes amamos, disfrutar más de cada uno de nuestros momentos y por supuesto lograr que esos instantes de vida sean mayormente enriquecedores y felices.

Cada uno de nuestros días, mañanas, tardes y noches comienzan a cobrar una dimensión que tal vez antes no tenían; las oportunidades de vivir como tanto deseamos están ahí presentándose a diario frente a nosotros; en realidad cada una de estas oportunidades ha estado siempre ahí en todos nuestros minutos, pero en la creencia equivocada de que nuestra vida es abundante y rica en tiempo y oportunidades tendemos a desperdiciar aquello que percibimos que tenemos en abundancia: tiempo y vida.

El percibir que nuestras oportunidades no son infinitas, no son tan abundantes e inagotables como creíamos, nos debe llevar a tomar todas las oportunidades que la vida tenga a bien poner frente a nosotros, eligiendo con sabiduría cuáles son las opciones de vida que deseamos, que es lo que en realidad queremos vivir, elegir aquello que en realidad traiga amor, paz y felicidad a nuestra alma, tener la oportunidad de acompañar a través de nuestros días a aquellos que amamos y quienes han sido significativos e importantes en nuestra vidas.

Tomar todas las oportunidades, esa debería ser la estrategia de nuestra vida y no sólo de la segunda mitad de ella, todas las oportunidades para crecer, todas para amar, ser un buen padre, hijo o esposo, ser y tener amigos fieles y leales, ser todos los días un poquito mejor ser humano que ayer.

Tomar todas las oportunidades no sólo de vivir la vida que deseamos, sino de ser para quienes nos rodean todo y más de lo que esperan de nosotros; porque si bien aquellas oportunidades desperdiciadas de tener en nuestra vida lo que deseamos es algo triste, no menos lo es tener clara conciencia de que toda oportunidad desperdiciada de hacer el bien a los demás jamás regresará, la vida podrá ofrecernos otras, pero aquella se perderá para siempre, por ello tomemos todas nuestras oportunidades.

La vida pondrá oportunidades frente a nosotros para algunos más abundantes o escasas que para otros, es nuestra decisión aceptarlas o no; si queremos vivir en plenitud tomémoslas todas.

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