25 de Septiembre de 2018

Opinión

Todos cometen errores

Los accidentes de vehículo, que incluyen tanto a peatones atropellados como a ocupantes de vehículos, se encuentran entre las 10 principales causas de muerte en Yucatán.

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En la calle hay muchas cosas más que están en juego que el mero traslado vehicular. Estos últimos días no he podido dejar de pensar en el video de un ciclista atropellado brutalmente en el fraccionamiento Las Américas. Es impactante.

El grave problema de los incidentes viales, aunque negada su gravedad y profundidad, es cotidiano y permanente. Hemos naturalizado los incidentes a tal punto que es común que los relacionemos con el azar o el destino. 

Es un círculo vicioso: automovilistas texteando con el celular; motociclistas y ciclistas sin los aditamentos necesarios para transitar; peatones que no usan los puentes ni cruzan en las esquinas. 

En el Estado, las multas por hablar por celular mientras se conduce van de 1,300 a 1,700 pesos. Los que creímos haber encontrado la solución con el “manos libres” parece que no estamos del todo salvados. Según estudios, éste sólo debe ser usado para conversaciones cortas, no largas o para temas complejos. Después de minuto y medio de hablar por el móvil, el conductor no percibe el 40% de las señales, la velocidad media baja un 12%, el ritmo cardiaco se acelera bruscamente durante la llamada y se tarda más en reaccionar.

El costo de una multa es lo de menos frente a un problema de este tamaño:

La base de defunciones del Inegi y  el Conapo del 2007 al 2012 indica que los accidentes de vehículo, que incluyen tanto a peatones atropellados como a ocupantes de vehículos, se encuentran entre las 10 principales causas de muerte en Yucatán. Si nos vamos por rango de edad, los accidentes de tránsito fueron la principal causa de muerte de personas  entre 10 y 29 años. 

¿Cómo cumplir con el reglamento de tránsito, si nisiquiera lo conoce la mayoría de los ciudadanos, no tienen idea de lo que está bien y lo que está mal dentro de la ley? Nadie sabe bien sus obligaciones, derechos y demás medidas de seguridad. 

Ahora bien, si ni usted ni yo somos parte de este grupo, pero sí somos responsables y precavidos, hay que cambiar el enfoque, replanteando la manera en que miramos la velocidad mientras conducimos. También importa no dejar que viajen con nosotros el estrés, las prisas y la presión generados por jefes, clientes y entorno familiar. Una persona puede ser un buen conductor, pero no se puede negar que los errores existen. Después de todo, errar es de humanos.

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