24 de Septiembre de 2018

Opinión

El trigo y la cizaña

Hay que aprender a reconocer la cizaña para hacerla a un lado y dejar solamente lo bueno, lo nutritivo, lo que hace bien...

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Vivir con sencillez y pensar con grandeza.- William Wordsworth, poeta

Resulta que me he dado cuenta que la parábola de Jesús del “trigo y la cizaña” también se refiere a mí; ya que en mi interior crecen uno al lado de la otra. Muchas veces pensé que únicamente se refería al bien y al mal que se encuentra en otras personas y en los diferentes ambientes sociales, pero descubro que en mí crecen juntos, en mis pensamientos desordenados, en mis emociones descontroladas, en mis acciones impensadas y reactivas. No se me había ocurrido que crecen juntos, en mi interior, el trigo y la cizaña. 

Hay que aprender a reconocer la cizaña para hacerla a un lado y dejar solamente lo bueno, lo nutritivo, lo que hace bien y promueve el amor y la vida.

Para lograr esto hay que ampliar la consciencia y con ella el conocimiento de la verdad y de nosotros mismos; se alcanza a través de la humildad, ya que así elevamos nuestro ser y maduración, crecemos en libertad y trascendencia. La humildad es la madre de la sabiduría; cuando se practica se adquiere la real valoración de lo que uno está siendo; reconocemos tanto las cualidades como los defectos propios. Jamás la humildad es: desvalorización, desprecio, reproche o negación de uno mismo. 

Desde la humildad se descubre que no es bueno aparentar más de lo que somos, pero también se aprende que somos más de lo que aparentamos. Para cultivar la humildad uno debe arriesgarse, es decir, ser audaz. Es un riesgo asumido con prudencia, nunca el riesgo nublado por la inconsciencia. Aunque parezca paradójico, de esta manera vamos descubriendo nuestros límites reales al ir tomando consciencia de nuestros alcances y limitaciones. Se va adquiriendo una adecuada estimación de sí mismo. Al cumplir con el principio griego: “Conócete a ti mismo” avanzamos en humildad reconociendo nuestra pequeñez pero también nuestra grandeza. Quien no se arriesga, ¿cómo puede llegar a saber quién y cómo es? 

Por eso, es bueno afrontar el riesgo de amar una y otra vez sin levantar barreras, sin recordar las llamadas ofensas y sin condiciones.  Vale la pena intentarlo.

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.

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