13 de Noviembre de 2018

Opinión

¡Tweetear para creer!

Cuando Julio Scherer tuvo su “encuentro” con Joaquín Guzmán Loera...

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Cuando Julio Scherer tuvo su “encuentro” con Joaquín Guzmán Loera, el gremio periodístico y las redes sociales se dividieron al igual que el país. ¿Fue ético don Julio? Lo mismo ocurrió cuando personal del Channel 4 británico logró una entrevista con Servando Gómez, alias “La Tuta”. Y hoy, las cosas no podían ser diferentes con Sean Penn y su diálogo digital, con cena incluida con “El Chapo”, con una ayuda de Kate del Castillo. 

A diferencia de los primeros ejemplos, siento que en esta ocasión, la situación o el meollo del asunto no está en el capo recién recapturado, sino en las figuras del jet set.

En el texto de la entrevista, Guzmán Loera no hace grandes alardes sobre su actividad, se mantiene en el tono “humilde” y a la defensiva a la que tiene acostumbrado al gran público mexicano; lo terrible y desgarrador es el tono en que Penn se dirige al líder del Cártel de Sinaloa, y la casi inmediata admiración, respeto y empatía que se genera hacia tan cuestionable personaje en los medios digitales.  

En los primeros párrafos de su entrevista, publicada por Rolling Stone, el estadounidense busca expiar sus pecados al “encontrar confort” en el hecho de que, según él, “El Chapo” es antes que un líder criminal, un hombre de negocios. Ya, con solo esas líneas, cae rendido al carisma del narcotraficante, situación que, es cierto, no dista nada de los narco-corridos, y publicaciones en redes sociales sobre el “buen criminal”, el “gobierno opresor” o los “soldados asesinos”. 

Sean Penn no cae totalmente en la apología del crimen, a diferencia de las telenovelas y series de Netflix, pero sus palabras, su narrativa y objetivos exceden lo que un supuesto luchador social tiene permitido en aras de lo que sea que quiera hacer. 

En tanto, Kate del Castillo ya nos tienes acostumbrados a sus diatribas extrañas sobre el crimen organizado, pero con esto, nuevamente se pone en el ojo del huracán, pues una cosa es hacer un tweet, y otra, concertar citas con el narcotraficante más buscado del mundo. 

En parte el problema está en la idiosincrasia mexicana. ¿La sociedad será capaz de asimilar la entrevista como lo que es? ¿Entenderá que las palabras de Guzmán Loera son las de un criminal y no las de un “humilde agricultor” que no quiere problemas con la ley? Es dudoso, porque el mismo material ya toma partida: cuando Sean Penn nos comparte que su entrevista será con “el otro presidente de México”, de entrada, ya nos califica como estado fallido –que poco no le falta-, pero también, desprecia nuestra capacidad para discernir entre lo bueno y lo malo. 

Con un texto y entrada con semejante premisa ¿qué más se puede esperar de una sociedad tan susceptible al “show business” como la mexicana? En la red, la respuesta del gran público no tardó ni medio segundo, máxime cuando sale a la luz la figura de Kate del Castillo, famosa por representar a “La Reina del Sur”, papel por el que prácticamente, todas las redes sociales “babean”, pues más que asombro por su intermediación entre Penn y “El Chapo”, los usuarios la alabaron, endiosaron y usaron como ariete en contra del gobierno federal –aunque usted no lo crea-, y ejemplo de mujer “luchona”. 

A fin de cuentas, todo este asunto es subjetivo. La moral y los valores hoy en día son una línea no sólo delgada, sino invisible, en parte gracias al “boom” informativo que tenemos en internet. Sin desearlo, tenemos la posibilidad de ver mil y un versiones sobre un mismo tema, muchos puntos de vista de algo anteriormente tan sencillo, que nos lleva a cuestionar, a dudar sobre ello, generando en el mejor de los casos una opinión propia, discordante con la que nos quieren vender y que, en el peor escenario, se convierte en un caldo de cultivo para personajes como Del Castillo y los narco-corridos: una tergiversación de la realidad. 

Sin embargo, hay situaciones en las que bien vale pensar muy a conciencia de qué lado estamos, pues aún con la protección de fuentes o la notoriedad que da pertenecer al mundo de la farándula, “El Chapo” y el narcotráfico siguen siendo los malos de la historia, por más series, novelas y bio-pics que nos quieran vender en internet para decir lo contrario.

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