21 de Septiembre de 2018

Opinión

Un apapacho de la vida

Su grata compañía viene a ser como una voz en “off” que dijera “segunda llamada”.

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La llamada telefónica, según lo acordado, llegó a la una de la mañana del miércoles pasado. El concierto de Fernando Delgadillo y Alejandro Filio en el teatro Manzanero recién terminaba y Michele establecía el acuerdo para la reunión y disfrutar el tiempo que venía a continuación. 

“Llegaremos a tu casa a eso de las dos”, me avisó. Y entonces con la sonrisa del que sabe qué viene a continuación comienzo la rutina cada vez que el cantautor aparece por Mérida. Abrir la casa, encender luces, colocar varas de incienso de copal estratégicamente, alinear vasos, platos, ceniceros.  Mi guitarra Ovation en su atril, capotrasto y afinador a la mano.

En avanzada, a la una y media, Beba toca la puerta. Aparece con botanas, refrescos y una botella de ron blanco. Su grata compañía viene a ser como una voz en “off” que dijera “segunda llamada”. Juntos revisamos detalles, reacomodando equipales en la sala, disponiendo servilletas y cubiertos, mientras Sally se despereza y arregla para bajar a compartir con nosotros.

Dan las dos y cuarto  y el ánimo complacido aumenta y entretiene anticipando el gozo venidero, similar al agua de río que estrecha su cauce poco  antes de caer por la cascada.

Al tanto, unas voces conocidas se escuchan en la puerta. Al salir a saludar, nuestros amigos  van cruzando el pasillo de entrada. Michele, espléndida y risueña, camina junto a la enorme figura de Fernando, que porta chamarra negra y el estuche de la guitarra sobre la espalda. Ahora todo es regocijo, abrazos y frases cálidas de reencuentro. Palmadas y rostros afirmativos que tienen todo el sustento del buen ser y estar.

Tercera llamada, parecen decir las velas encendidas. Imprescindible afinar las “liras” para dejarlas a punto. A partir de ese momento hasta un cuarto para las nueve de la mañana será escuchar canciones nuevas que Fernando va sacando de su chistera; anécdotas, risas, intercambio de música y literatura, atendiendo unas cubas mientras la noche espléndida, como canta Joan Manuel Serrat, “Se resbala por sentarse a oír lo que contaban”.

Amanecer en tal compañía es un regalo contundente. Una de tantas razones para agradecer.  Abonar de emociones el surco y regar de agua plena la siembra. Sorpresa y encuentro. Maravilla de la vida que se preocupa por nosotros y nos apapacha generosa. Vaya biem.

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