16 de Octubre de 2018

Opinión

Un as en la seguridad de Yucatán

En el Plan Estatal de Desarrollo 2012-2018, el gobernador Rolando Zapata asumió como una obligación contar con una estrategia de PREVENCIÓN de los factores socioeconómicos que generen el delito.

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La seguridad que se vive en Yucatán no es casual. Mientras que en Michoacán (y otras entidades) las autoridades reaccionan ante los embates de la delincuencia organizada, en nuestro estado se construye todo un andamiaje para evitar situaciones como las que hoy enfrenta el Gobierno peñanietista en Tierra Caliente. Veamos.

En el Plan Estatal de Desarrollo Yucatán 2012-2018, el gobernador Rolando Zapata Bello asumió como una obligación contar con una estrategia de PREVENCIÓN de los factores socioeconómicos que generen el delito, y se comprometió a trabajar en dos vertientes, una de ellas -que es la que nos ocupa- es la capacitación y profesionalización de las fuerzas de seguridad, que redundara en mayor eficiencia y mejora en las condiciones laborales de los policías.

Sin duda se han ido cumpliendo estas propuestas, ya que la capacitación de servidores públicos en el área de seguridad ha sido una constante, y paralelamente se ha reforzado a las corporaciones con más infraestructura, tecnología, armamento, equipo, vehículos y, no menos importante, un incremento en sus percepciones.

La instalación de más de medio millar de cámaras de videovigilancia en los 18 arcos carreteros de Mérida y puntos estratégicos del interior del estado son una muestra.

Todo ello se ha traducido en menores índices de violencia en Yucatán, como han destacado varios organismos nacionales e internacionales. (Solo un delito es el “lunar” en la ciudad de Mérida: el robo a casa-habitación, y parece focalizado hacia el poniente). Este reconocimiento también es para la sociedad, que hace su parte al denunciar delitos y facilitar la labor de las corporaciones policíacas.

Las autoridades saben que cuando la ciudadanía confía en sus instituciones de seguridad, entiende los mecanismos de las leyes y percibe a los servidores públicos como lo que son, guardianes de la paz y la tranquilidad. De estos hechos puede presumir Rolando Zapata Bello en su Primer Informe.

Lamentablemente, Michoacán no construyó esos mecanismos de prevención, y los propios ciudadanos crearon sus grupos de defensa, lo que a su vez obligó a las autoridades a una reacción que mantiene polarizados a los mexicanos.

Quienes vivimos en Yucatán, debemos, pues, valorar este clima de seguridad.

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