18 de Diciembre de 2018

Opinión

Un barco depredador

Se consideró que el Maurice Ewing dañó una extensión de 30 metros cuadrados, 20 de los cuales corresponden a rocas, y los restantes diez a superficie coralina.

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Hoy he querido compartir con ustedes un evento de tipo ciencia-naturaleza que tiene relación directa con los estudios del Cráter de Chicxulub, del cual hablé el domingo pasado y en donde se vio involucrado un barco de estudios científicos que, cuando realizaba trabajos de prospección sísmica en el fondo del lecho marino frente a las costas de Progreso, por una aparente falla de timón, encalló en una plataforma coralina dejando daños considerables y que rebasaron por mucho la importancia de las investigaciones que realizaba.

En 2005 llegó a Yucatán el buque científico Maurice Ewing, contratado por la Universidad Nacional Autónoma de México, a cuyo cargo está el estudio del famoso impacto del meteorito en esta zona del planeta; dicha embarcación contaba con equipo sofisticado de prospección sísmica avanzada que, según expertos, lograría recabar imágenes tridimensionales del lecho marino y de esta manera poder tener un plano en tercera dimensión de la base rocosa del fondo marino en la zona.

La operación de este barco de investigación fue cuestionada por organizaciones ambientalistas porque utiliza “cañones calibrados” que disparan ondas sísmicas que afectarían los organismos de especies como tortugas, delfines, ballenas y fauna marina en general. 

El buque comenzó a trabajar en la zona para investigar el milenario cráter provocado hace 65 millones de años por el impacto de un meteorito. Los trabajos se realizaban de manera “normal” hasta que el 14 de febrero de ese año la embarcación encalló en el arrecife coralino Madagascar, precisamente cuando se encontraban a bordo inspectores de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) y una legisladora federal de conocido partido ambientalista, quienes de manera abrupta fueron evacuados de la nave y regresados a tierra en una embarcación oficial que apoyaba los trabajos.

Sin duda y luego de los estudios requeridos se consideró que el Maurice Ewing dañó una extensión estimada de 30 metros cuadrados, 20 de los cuales corresponden a rocas, y los restantes diez a superficie coralina. En lo personal considero inaceptable que la tripulación no se haya percatado de la presencia del arrecife, a pesar de que los trazos de su carta de navegación eran correctos y que  cuenta con un equipo de lo más avanzado, que le permite saber, desde una distancia considerable, qué se aproxima en el fondo y a qué profundidad está.

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