21 de Enero de 2018

Opinión

"Un bastión de amor"

Siento que en estos últimos tres años, los momentos difíciles me ayudaron a darme cuenta de lo infinitamente rica y hermosa que es la vida.

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Hace tres años se me presentó una “artrosis degenerativa” en la rodilla izquierda. Se estudió el caso, y hubo que quitarme el menisco, el cual estaba roto, y después de otras operaciones me quedó la rodilla dañada. Por todo lo anterior tengo que usar bastón para poder caminar rápido, sin dolor y en forma segura.

Deseo reflexionar cómo este hecho ha afectado mi vida, y cómo se puede conllevar una enfermedad y buscar el lado positivo del problema. He entendido que sólo viviendo más allá de nuestro alcance, llegaremos a ser más humanos, o a vivir como realmente somos. Esto no se logra al concentrarnos sólo en nuestra persona, sino al olvidarnos de nosotros mismos y renunciar, para concentrarnos en los demás. “El que no sirve, no sirve”.

Este bastón me da lecciones todos los días. Es un sostén y un apoyo para realizar mis actividades. Un sostén, en saber que la razón por la que las preocupaciones matan más que el trabajo, es que la gente se preocupa más, y trabaja menos. Y un apoyo, para mantener la esperanza, la cual, es lo más importante en la vida.

Esta discapacidad me proporciona un sentido de destino y de energía, para salir adelante, ya sea caminando, andando, o usando el bastón para buscar la felicidad.

Mi bastón me da: descanso, ayuda y protección. Me hace ver, y cada día estoy más convencido, de que “la pérdida de vida”, radica en el amor que no dimos al dejar de ayudar, en los poderes que no utilizamos, en la prudencia egoísta que nos llevó a no arriesgar para evitar el dolor pero que, al mismo tiempo, nos hizo perder la felicidad.

Todos los días mi bastón me grita: ¡Arriésgate. La vida es un riesgo! El hombre que más avanza es aquel que desea hacer y arriesgar. Muy quedo al oído me murmura: “Los problemas son mensajes, y las dificultades son enseñanzas”.

Siento que en estos últimos tres años, los momentos difíciles me ayudaron a darme cuenta de lo infinitamente rica y hermosa que es la vida, y que hay tantas cosas por las que uno se preocupa que no tienen ninguna importancia.

A mi bastón lo veo con amor, y como a un consejero, pues me dice cosas que he aprendido a escuchar. Él me dice: “Siempre que creas que puedes o no puedes, tendrás la razón”.

Me obliga a caminar y hacer el ejercicio, que amerita tener un desgaste articular, y he aprendido, a conllevar el dolor con alegría y optimismo. Bien me decía mi madre “Hay que tener alegría en el sufrimiento”. Y ella me lo decía, con unos ojos que irradiaban amor y pasión por la vida.

Sí, mi bastón es un amigo silencioso, que me ayuda sin protestar. De él he aprendido que no importa que te derrumben, lo único importante es que te vuelvas a levantar. Y me ha enseñado que es divertido hacer lo imposible.

Es un bastón de amor, porque me ha hecho más humano y más humilde. Me ha hecho comprender que sufrimos frente a tanta muerte y tan poca vida; a tanto dolor y tan poca alegría; a tanta avaricia y tan poca caridad; a tanta soledad y tan poco amor.

En fin, es un bastón de amor, porque me ha enseñado que tengo que ser feliz con la vida que me ha tocado vivir, porque me da la oportunidad de amar, trabajar, jugar y mirar las estrellas. 

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