25 de Septiembre de 2018

Opinión

Un burdo cuento y un drama real

Todo indica, por lo pronto, que lo del Haven, Mamá Grande o Bicentenario como sitio de reunión, secuestro y desaparición de los jóvenes es, simplemente, una patraña.

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Para intentar descifrar el misterio de lo que pasó con la oncena de jóvenes desaparecidos luego de que, según el mensaje cibernético prácticamente anónimo que desató la protesta de los familiares, fueron levantados de un tugurio de la Zona Rosa “a las 10 de la mañana” (con tumultuario y vigilado ciclotón a pocos pasos, en la avenida Reforma, el domingo 26 de mayo), de algo sirve quizá saber qué no sucedió.

La autoridad afirma que ninguna cámara de seguridad (ni las del gobierno ni las de establecimientos privados que abundan en el área) capturó una sola imagen de algún operativo “comando” ni el convoy de automóviles o camionetas en que un grupo (delincuencial o policiaco) llegara y abandonara el antro en esa o cualquier otra hora.

No aparecen los jóvenes entrando o saliendo del sitio (que funciona como “restaurante” de día y como “bar” de noche, con los nombres Bicentenario y Mamá Grande, pero conocido como Haven); que tiene antecedentes de vender drogas, y en cuyo interior no se encontró una sola huella dactilar de los cuatro o cinco desaparecidos registrados por las autoridades (así sea en trámites escolares o de licencias de manejo).

Tampoco se tiene la menor confianza en la única denuncia formal con que se cuenta, levantada por un “testigo” directo, dizque “presencial”, del dudoso levantón, ya que el declarante (afirmó haber “escapado” junto con algunos meseros “por la azotea” mientras el “comando” se llevaba a los muchachos) proporcionó domicilio y número telefónico inexistentes (en las respectivas, los familiares de los jóvenes dicen que les dijeron que sus buscados estaban, precisamente, en ese tugurio).

No hay una sola declaración de algún cliente que pudiera corroborar la versión del secuestro, y ni el dueño ni los meseros ni cualquier otro empleado ha sido localizado.

Todo indica, por lo pronto, que lo del Haven, Mamá Grande o Bicentenario como sitio de reunión, secuestro y desaparición de los jóvenes es, simplemente, una patraña. 

Para mala suerte de las autoridades del DF, el mismo día en que se hizo pública la desaparición, Guillermo Gazal, presidente de la Asociación de Empresarios y Comerciantes Unidos para la Protección del Centro Histórico de la Ciudad de México, afirmó que en su gremio hay víctimas de extorsiones por parte del crimen organizado (y que van de los 10 mil hasta los 50 mil pesos), tras lo cual el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, pidió que le presenten pruebas, que se ha reunido con ellos y nadie le ha comentado un problema como ése.

Sin embargo, la capital del país dista mucho de estar vacunada contra la delincuencia organizada: como el antro de referencia y muchísimos otros, constituye un lógico supermercado de todo tipo de mercancías cuyo tráfico es ilegal. 

Lo único realmente cierto de lo que huele a este nuevo y gran cuento de la Zona Rosa es el dolor de los familiares que, una semana después, tienen la esperanza de que las autoridades cumplan con su obligación y desentrañen el misterio. 

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