19 de Diciembre de 2018

Opinión

Un complejo entramado social

Existen en la misma arena muchos seudoempleados que hábilmente escapan a sus responsabilidades.

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Sentado en mi rincón favorito, con un buen café y preparando artículos para revistas y otros compromisos, me detuvo cierto pasaje vivido en el complicado mundo de la burocracia. Comentarios desafortunados con falta de sensibilidad me hacen reflexionar sobre aspectos de lo que actualmente consideramos normal y mundo vanguardista.

¿A dónde pertenece?, ¿cuál es su dirección?, ¿qué problema tiene? Y al realizar estos cuestionamientos, no me refiero a alguna institución o servicio en especial. Lo dictado nos lleva a escenarios encontrados: por un lado está la mejora en la atención de cualquier problema, gracias  a flujos administrativos facilitadores, pero, por el otro, existe en el trato humano despersonalización y frialdad.

La fragmentación y la actual situación de exceso laboral que padecen empleados de distintas dependencias los obligan a atender a más de 50 personas sin descanso,  asumiendo además, en ese tiempo, labores de celadores, administrativos, informáticos, etc. Intencionalmente se aprieta aún más la “tuerca”, en su actual indefensión socio-laboral. Y destaco que también existen en la misma arena muchos  seudoempleados, que hábilmente escapan a sus responsabilidades, y con falta de compromiso buscan quien “haga lo que por contrato les corresponde”, abusando de su jerarquía o relaciones con altos mandos.

Si de medicina hablamos, estos hechos o realidades son signos patognomónicos de la degradación social del acto médico y la despersonalización de sus dos principales protagonistas: del paciente, ya transformado en cliente, y del médico, en objeto burocrático repartidor de tickets varios.

Lejos de parecer una anécdota, creemos que se trata de algo más grave y profundo, pues, además de retratar una realidad social patológica, se ataca un valor básico e imprescindible en la relación médico-paciente como es el prestigio del galeno, sabiendo que éste forma parte de la propia eficacia terapéutica del acto médico. Afortunadamente existe un espacio inviolable en la relación médico-paciente que posee siempre la capacidad innata para ver y sentir la verdad.

No todo es malo y fatal, pero es necesario recordar nuestro compromiso social empeñado al momento de estar al frente de cualquier persona o doliente que requiera nuestra atención. No olvidar que todos formamos parte del complejo entramado burocrático y sólo baste recordar  que somos de carne y hueso con sentimientos y emociones. Todos necesitamos del calor y mano comprensiva, más allá de las exigencias que nos acosan.

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