21 de Noviembre de 2018

Opinión

Un concurso lleno de injusticia

Los equivocados amarres políticos entre el Panal y el PAN terminaron de sepultar todo intento de injerencia sindical en los procesos de asignación de plazas.

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La asignación de plazas en los niveles de educación inicial, especial, preescolar, primaria, o bien horas como en el caso de secundaria, preparatorias y normales, es un proceso que realizaban conjuntamente los dirigentes del SNTE y las autoridades educativas de cada estado dividiéndose el “pastel” al 50 por ciento para que, en total libertad, designaran a quienes cubrirían las vacantes.

Así las plazas directivas y de supervisión también estuvieron al mejor postor, pues, a pesar de existir un reglamento escalafonario, éste fue prostituido por la Comisión Escalafonaria, ya que inflar los expedientes con documentos falsos y apócrifos fue un negocio que llenó los bolsillos de conocidos ex dirigentes sindicales.

La intención de frenar este mercado libre no es nueva, pues, en la administración del gobierno de Patricio Patrón, su secretaria de Educación, Carmen Zita Solís Robleda, implantó el concurso de oposición para adjudicar las vacantes pese a la protesta y el plantón sindical que resolvió Rafael Ochoa Guzmán en contra de sus agremiados propiciando que se esfumara el control político que ejercían con este negocio; primero les arrebataron las vacantes por jubilación y después les quitaron todo.

Injusta resultó la intención de transparentar la asignación y otorgarlas a los mejores maestros, pues quien tuviera al menos una hora o plaza en propiedad ya no podría participar nuevamente para incrementar su trabajo en la escuela.

Esto resultó en una violación constitucional, pues la Ley General de Educación federal garantiza a los docentes tener hasta 42 horas de trabajo semanal y lo incomprensible fue que los mismos representantes del SNTE la avalaron a través de un convenio firmado con la SEP, cerrándole las puertas a sus agremiados.

Los equivocados amarres políticos entre el Panal y el PAN terminaron de sepultar todo intento de injerencia sindical en los procesos de asignación de plazas, ya que, durante la administración de Ivonne Ortega y la actual, el pastel se divide ahora con dos nuevos comensales, dejando un clima de inseguridad laboral entre los maestros afiliados al SNTE.

Con el nuevo concurso de oposición para el ingreso al Servicio Profesional Docente de Educación Básica y Educación Media Superior, la cosa no cambió. Dejar fuera a los de adentro con pocas horas es un aberrante atropello que cualquier sindicato debe atender de inmediato, si no, ¿para qué están?

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