18 de Octubre de 2018

Opinión

Un dislate calamitoso

Lo que se ve en el PAN es una lucha descarnada por el poder, donde el grupo calderonista, habiendo perdido el Ejecutivo Federal, intenta controlar a como dé lugar y de manera absoluta a su partido.

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La semana pasada el senador con licencia Ernesto Cordero, ex secretario de Hacienda de Felipe Calderón, estuvo en la ciudad de Mérida para promover su candidatura a la presidencia nacional de su partido. Tarea proselitista a que se ven obligados ahora los candidatos del PAN que en este año estrenarán el método del sufragio universal, cuando menos para designar a su máximo dirigente, ya que por primera vez podrán participar en el proceso todos los integrantes de ese partido, cuando antes sólo tenía ese privilegio un selecto grupo de consejeros.

No cabe duda que la sociedad entera debe celebrar los avances democráticos en todas las organizaciones sociales, sobre todo en los partidos políticos; sin embargo no hay que perder de vista que su aplicación por sí sola no garantiza el éxito y que también tiene que afrontar riesgos, como vemos hoy en la confrontación feroz entre Cordero y Gustavo Madero, que aspira a la reelección.

Ya que resulta altamente probable, por la alta polarización de la contienda, que ocasione una gran división en el interior del panismo y que, por privilegiar la denuncia y abusar de las acusaciones y ofensas al contrario, deteriore seriamente la imagen pública de ese partido, como sucede con las acusaciones de corrupción que se lanzan entre ellos y que surgieron de los escarceos iniciales del proceso electivo, al dar a conocer que los legisladores federales panistas exigían un porcentaje, “moche”, por las asignaciones presupuestales a los presidentes municipales.

Lo que confirma el alto nivel de corrupción y contubernio que caracterizó a los pasados 12 años de gobierno federal panista, donde se enriquecieron abyectamente familiares, amigos y socios de los funcionarios gubernamentales del PAN, como puede verse de manera escandalosa en los casos de Mexicana de Aviación y Oceanografía, que apenas comienzan a investigarse.

Lo que se ve en el PAN no es ciertamente una contienda democrática por la presidencia partidista con base en la discusión y el debate, proyectos y propuestas, sino la lucha descarnada por el poder, donde el grupo calderonista, habiendo perdido el Ejecutivo Federal, intenta controlar a como dé lugar y de manera absoluta a su partido.

Es una pena que Acción Nacional llegue a debilitarse de esta manera, ahora que ha decidido utilizar mecanismos de votación abierta para elegir a su presidente nacional; sin embargo, no es válido culpabilizarlos de estos resultados, pues  está claro que los usos democráticos no pueden sustituir la incapacidad de los protagonistas para ponerse de acuerdo y establecer normas mínimas para ofrecer a la sociedad una contienda de altura.

Es sólo en este contexto como puede explicarse que el dislate de Cordero en Mérida, al decir que quería presidir al PRI, haya adquirido proporciones calamitosas.

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