10 de Diciembre de 2017

Opinión

Un like no es lo mismo que votar

Gran revuelo causó en las redes sociales Angélica Rivera respecto a la titularidad de la llamada “Casa Blanca”...

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Gran revuelo causó en las redes sociales Angélica Rivera respecto a la titularidad de la llamada “Casa Blanca”, que afirma compró con el fruto de 25 años de trabajo, pero como era de esperarse, las reacciones no fueron positivas, prevaleciendo la sincera incredulidad ante la “buena fortuna” de la esposa del presidente, y la hiriente burla, propia del mexicano, hacia quien lo gobierna. 

Esta negativa y abrumadora reacción del colectivo de internet no es preocupante per se, muchos menos reprobable, pues la casa de la colonia Las Lomas en el Distrito Federal, dista de ser un asunto finiquitado, sin embargo, lo que sí “choca”, es la inutilidad práctica que tendrá sobre el electorado, dentro y fuera línea. 

Las críticas apabullantes, los memes burlescos y los “trend topics”, que no sólo fueron primer lugar en México, sino en el mundo, son recursos bienvenidos en el debate político social, pero fuera de eso, no hay certeza de que esta situación que agravia a la sociedad –según ella misma “twittea”- sirva para evitar que vuelta a suceder. ¿Cómo? En las urnas, el día de la próxima elección federal. 

Hurgando en Twitter y otras redes sociales, encontramos que el común denominador de los mensajes relacionados con las declaraciones de Angélica Rivera, carecen de la legitimidad que da la crítica constructiva. El “twittero” común apuesta por la tradicional burla y ridiculización de quien declara y del motivo inmediato, se nutre de los mensajes de otros usuarios para continuar en la “ola” de ridiculización, y difunde, cual indican los mandamientos de internet, el meme correspondiente… y hasta ahí: pasados unos días, encontrara otro “show” en que entretenerse y no reflejará en la vida real el supuesto agravio del que dijo ser objeto. 

El trasfondo desdeñable de lo que ocurrió tras el video-mensaje de la esposa del presidente de la República es gran espectáculo y su mínima utilidad. Aparte dejamos el hecho de que el juicio sobre la “Casa Blanca” estaba ya dictado: dijeran cuanto dijeran del caso, la sociedad no les iba a creer; el punto es que las redes sociales nos han enseñado que todo el ruido que generan no sale de los teléfonos y pantallas el día en que el ciudadano tiene la oportunidad de demostrar que puede hacer algo más que mandar un “tweet” o dar un “like”, pues no participar en el show mediático parece preocuparles más que evitar que haya otros. 

En la próxima jornada electoral, todo el ánimo que las redes sociales demuestran en contra de los malos gobernantes, la indignación por la impunidad, el horror por los desaparecidos y la falta de oportunidades, deben reflejarse en algo más que “mensajitos”, deben convertirse en una copiosa participación en las elecciones: votar, o incluso, anular la boleta, tiene mucho mejor mensaje que 140 caracteres perdidos en la red.  

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