15 de Agosto de 2018

Opinión

Un mundo cruel en El Crucero

En la zona conocida como El Crucero, en Cancún, hay un pequeño mundo donde se ejerce el oficio más antiguo del mundo...

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En la zona conocida como El Crucero, en Cancún, hay un pequeño mundo donde se ejerce el oficio más antiguo del mundo y se ofrece cuanto el cliente quiera.

No es secreto que allí se practica, tampoco que en locales establecidos se puede generar el contacto mediante proxenetas y menos desconocido aún que las autoridades lo permiten, convirtiéndose en cómplices de algunos delitos.

En pocas cuadras se ve a chicas ofreciendo su cuerpo hasta por 200 pesos; casas en las que viven “secuestradas” y desde las cuales sus verdugos las regentean; hoteles donde hay promociones para las parejas del lugar, y patrullas cuyos ocupantes miran desde lejos con desdén.

El drama es tan grande que no solo es culpable el explotador de la mujer, sino también los “pequeños hoteleros” y dueños de cuarterías por facilitar el acto, y uniformados que consienten la venta de droga e innumerables faltas administrativas. “Han de ser socios (explotadores y policías)”, resumió con seguridad una empleada de conocida tienda comercial. 

La estructura que tolera la completan los vecinos y trabajadores de la supermanzana 66, quienes prefieren callar por flojera y no solo por miedo. Es un círculo vicioso sin fin en un contexto tan complejo como peligroso.

Hace mucho tiempo que el problema dejó de ser de libertades, doble moral y otros sinónimos. El problema real es que una cadena de innumerables delitos permanece impune porque se ve con “normalidad”. El mayor, es que muchas de ellas son inocentes, forzadas a tener sexo con desconocidos a cambio de monedas y amenazadas de muerte si no lo consuman. Es un asunto que nadie se atreve a encarar con valentía y determinación.

En la zona se han desmantelado casas de cita, aunque los detenidos son encerrados pocas horas. Ya libres, montan de nuevo el espectáculo con inusitada rapidez, con la notoria complacencia de quienes deben mantener el orden y aplicar la ley. 

Lo urgente es que la autoridad, ya sea municipal, estatal o federal, actúe con firmeza. Los delitos ahí cometidos encuadran en cualquiera de los códigos penales, así es que las argucias legaloides de quienes defienden a los pillos pueden desbaratarse al instante. 

Ese mismo panorama se repite en las supermanzanas contiguas y parte del centro de una ciudad considerada como ejemplo turístico mundial.

Es el momento de actuar. Con el cambio de administración rotan a comandantes, jefes de turno y encargados de sector, quienes son los que dejan hacer y pasar. Esperemos que los nuevos responsables no sean irresponsables.

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