18 de Diciembre de 2018

Opinión

Un obispo que llegó del 68

Fray Raúl Vera estudió ingeniería en la Universidad Nacional Autónoma de México y vivió justamente el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968.

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No es común entre obispos la presencia de clérigos regulares, es decir, sacerdotes miembros de órdenes religiosas.

Inclusive la evangelización en México está llena de pugnas entre clero secular y el clero regular que, pese a guardar obediencia al obispo, toma caminos distintos de la formación en los seminarios y de la política eclesial tradicional.

No por minoritaria la presencia de religiosos obispos deja de ser notable. Dos jesuitas han sido protagonistas en las últimas elecciones papales: el cardenal Martini (quien entró enfermo al cónclave que eligió a Benedicto XIV) y el cardenal Bergoglio, actual papa Francisco. Un capuchino está en una comisión pontificia delicadísima: el cardenal O’Malley, de Boston. En México, un dominico plantea una radical lectura liberadora del Evangelio: fray Raúl Vera.

Se ha repetido que la Iglesia es mucho más que su jerarquía, pero no se ha dicho tanto que la jerarquía no es monolítica, no sólo por su origen, sino por sus distintas lecturas del Evangelio. 

Es interesante, pues, acercarse a un texto que me parece fundamental para entender la Iglesia mexicana contemporánea: “El evangelio social del obispo Raúl Vera”, que recoge las conversaciones que con el fraile dominico sostuvo un académico de la indiscutible calidad de Bernardo Barranco. Editado por Grijalbo, apareció este mismo año.

Es imposible que una nota como ésta dé cuenta de los ocho capítulos que forman el libro. Sobre todo tratándose de un obispo que mantiene posturas bastante abiertas en muchísimos temas tanto políticos y sociales como morales. De modo que, por ahora, sólo quisiera quedarme con los orígenes de fray Raúl antes de ingresar a la Orden de Predicadores.

Estudió ingeniería en la Universidad Nacional Autónoma de México y vivió justamente el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968. Por ello los dos primeros capítulos dibujan el panorama de un testigo presencial de cuanto fue la lucha del progresismo católico en aquel año, frente a la derecha también católica del MURO cuyo heredero, el Yunque, acaba de perder la elección interna panista.

Al ser Bernardo Barranco protagonista a su vez del progresismo católico de años posteriores, estos capítulos resultan extraordinariamente esclarecedores. Y, repito, son apenas inicio de un libro luminoso en todos los sentidos y altamente recomendable.

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