21 de Septiembre de 2018

Opinión

Un “símbolo” no acaba con la trata

A diferencia de un color rosa para que se difunda la cultura de la prevención del cáncer de mama...

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A diferencia de un color rosa para que se difunda la cultura de la prevención del cáncer de mama y que muchas mujeres, principalmente, entiendan este problema de salud, iluminar de azul edificios, monumentos o calles, en contra de la trata de personas, de nada sirve porque este mal lo hacen de manera consciente quienes delinquen con las vidas de otros seres.

El tono azul es muy parecido al que ilumina algunos de los tugurios y centros nocturnos que hay en la ciudad, en donde mujeres son explotadas sin que nada pase; para ellas es una burla incluso que se proyecte el tono azul para evitar algo en lo que muchos aceptan por la falta de oportunidades.

Es muy sabida y vista la presencia de vendedores de dulces en las calles, son ambulantes y se les da su permiso, dicen las autoridades, pero tan sólo al platicar con algunos de ellos se darán cuenta de que a muchos los traen de otros estados; les dicen que venderán diario dulces y cigarros y que si logran más de 200 pesos al día, se ganan sus comidas. Duermen además en grupos y al paso de algunos meses les pagan dos mil pesos para que regresen a sus pueblos.

Otros se fueron a la parte sexual, y la situación es la misma: A falta de oportunidades hay quienes acuden a zonas como El Crucero o el parque de Las Palapas y por dinero se prostituyen, pero ya surgieron los ventajosos que comenzaron a cobrarles derecho de piso u ofrecerles protección y crean así su propia red.

Hace por lo menos cuatro años que se habla más de la trata de personas, en usar moños azules para combatirla, pero la realidad es que no hay detenidos y el problema seguirá porque hay intereses de muchos criminales y desinterés de las autoridades.

Generalmente el mal de los demás no nos afecta y es mejor simular que nos importa, para que crean que hacemos algo.  Ver el delito y no hacer nada porque no llega a nosotros se convierte en una costumbre.

Ya se ha dicho y resaltado que los destinos turísticos son puntos rojos para la trata de personas; una medida, en principio positiva, fue la de concientizar a los empleados de los hoteles para que detectaran actividades sospechosas, con menores de edad, y ahí los hoteles se protegieran, pero por desprestigio a sus firmas que recaería en sus rentas, no por acabar con el problema, se direcciona a otras partes simplemente.

La supervisión constante y el acercamiento con estos grupos de vendedores ambulantes sobre los que no se necesita ser un experto para saber que son explotados, como sucede con las mujeres chiapanecas, ayudaría un poco, por lo menos, pero pasarán otros años y las cosas seguirán igual, pero eso sí, con luces azules en contra de la trata de personas.

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