22 de Septiembre de 2018

Opinión

Una experiencia en Ichpich

Nuestra marcha se detuvo abruptamente ante el sonido de una cascabel de más de dos metros de largo que se encontraba sobre el camino con la intención de atacar.

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L a siguiente anécdota tuvo lugar en Ichpich, sitio arqueológico que se encuentra alrededor de cincuenta kilómetros al sur de Oxkutzcab.

Este asentamiento arqueológico aún conservaba un edificio en pie parcialmente deteriorado y teníamos la encomienda de restaurarlo para evitar que se desplomara. Además de este monumento había más edificios menores que formaban parte del área habitacional del asentamiento. Durante el reconocimiento del área identificamos depósitos de agua prehispánicos que posiblemente fueron reutilizados luego para el almacenamiento de agua de lluvia.

Este asentamiento está ubicado a escasos kilómetros del sitio conocido como Santa Rosa Xtampak, con el que compartió grandes extensiones de suelo para el cultivo.

El grupo de trabajo, formado por su servidor, los colegas Tomás Gallareta y Carlos Pérez y nuestro guía Mario Magaña, tuvo la tarea de recorrer las inmediaciones del núcleo central del sitio para elaborar el plano del asentamiento. Un día muy soleado, al final de la jornada, caminábamos hacia la camioneta Mario, Tomás, Carlos y al final yo, que seguía los pasos de aquellos expertos en reconocimientos.

Nuestra marcha regular se detuvo abruptamente ante el sonido de los crótalos de una cascabel de más de dos metros de largo que se encontraba sobre el camino con la intención de atacar.

Mario brincó hacia atrás sobre Tomás y todos caímos al suelo como efecto dominó. Desesperados, luchamos para ponernos de pie y correr, pero, entre el susto, Mario dijo: “Tranquilos, déjenme sacar la pistola”. Todos nos tranquilizamos y confiamos en la habilidad y en el buen tino de Mario, pero ante nuestro asombro de una bolsa del pantalón sacó un tirahule con el que disparó a la cascabel y le dio justo en la cabeza.

Entre el susto y el sosiego, surgieron las risas provocadas por la acción inesperada de Mario. Esa era una de las características que hacían muy amenas las visitas de inspección en la región.    

Al final de la temporada de trabajo logramos estabilizar aquel edificio deteriorado, identificamos rasgos importantes del asentamiento y todas estas actividades siempre las desarrollamos en compañía de los expertos Mario y Pedro Góngora, quienes conocían muy bien estos sitios, pero también nos protegían en aquellos encuentros no agradables.

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