13 de Diciembre de 2017

Opinión

Una gran deuda

Los pueblos que tienen memoria, progresan”. Entonces olvidar es retroceder, condenarse a la intrascendencia.

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Los pueblos que tienen memoria, progresan”. Entonces olvidar es retroceder, condenarse a la intrascendencia.

Yo no olvido. Ha pasado un año ya de la muerte de Wilberth Herrera, sin duda uno de los creadores más importantes del estado. Con un incalculable acervo en guiones, títeres y parodias musicales, Wilberth Herrera seguirá siendo ícono y punta de lanza para los artistas yucatecos.

Tristemente, a un año de su aniversario luctuoso, ninguna autoridad gubernamental hizo mención de su ausencia ni se vislumbra algún proyecto institucional para restaurar y mantener en marcha su teatro.

Lo mismo ha pasado con grandes figuras como Ofelia Zapata “Petrona” y muchos otros artistas imprescindibles del teatro regional. Es importante para la cultura que los jóvenes creadores tengan referencias sólidas y significativas. Don Hector Herrera “Cholo”, “Petrona” “Sakuja”,  “El Chino Herrera” y “Cheto” siempre fueron artistas con enorme disciplina y una trayectoria relevante.

¿Qué pasará si las nuevas generaciones tienen como referencia a “Chimita”, “Chermita”, “Chanclita”, y tantas y tantas cómicas de medio pelo con apodos en diminutivo inundando el panorama del teatro regional? Para colmo, tenemos “investigadores” que son capaces de poner en un mismo nivel de crítica a Raquel Araujo con “cómicas” que apenas han tenido algún reconocimiento local.

Araujo es una creadora que ha hecho su nombre dentro y fuera del estado, con un sin número de reconocimientos y becas nacionales e internacionales, ¿Cómo es posible que la pongan en el mismo nivel de una estudiante que ostenta un premio del COBAY? ¡Pero si hasta entre los tinacos hay niveles! 

Sucede lo mismo cuando comparan a “Petrona” o a “Cholo” con cualquier cómico actual. Esos artistas son únicos e irrepetibles, ellos son referencia digna  para el Estado. No podemos dejar que el olvido gane, que su gula devore esos rostros llenos de carácter que marcaron rumbo en nuestra cultura y quehacer teatral.

Hay una gran deuda con ellos, con su acervo y su imagen, esperemos que pronto de a poquito, de manera justa y bajo una mirada inteligente, libre de envidias y mala fe, empiecen a  valorar esos acervos y los tengamos como material de consulta para éstas y muchas otras generaciones.

¿Con qué derecho lo digo? Con el derecho de ser una mujer con memoria, yo, como Saramago: No he olvidado. A un año de ausencia física de Wilberth Herrera, lo recuerdo y lo extraño junto a sus maravillosos títeres: “Lela y Chereque”.

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